por
:Miguel Higuera Cancino Licenciado en Fonoaudiología
U. de Chile / Magister en Pedagogía
Universitaria U.Mayor / Docente Universidad
Mayor. /Ceril / Octubre 2007
Problemas Emocionales en Niños con
Trastornos de Lenguaje Y Comunicación.
Si bien es cierto,
los trastornos del desarrollo del lenguaje y la
comunicación son de muy diverso origen
y variadas características, es un hecho
comprobado que la mayoría de los niños
afectados, puede presentar secuelas en su desarrollo
social y afectivo.
En general, las dificultades del
desarrollo de lenguaje, pueden manifestarse, desde
grados leves a severos, con síntomas como
los siguientes:
• Dificultades para pronunciar sonidos
(dislalias) o formar completamente las palabras
(trastorno fonológico).
• Dificultades para armar oraciones, incorporar
elementos sintácticos (pronombres, preposiciones,
artículos) o conjugar frases verbales
(trastorno sintáctico).
• Dificultad para incorporar vocabulario,
conceptos o comprender el lenguaje esperado
para la edad (trastorno semántico).
• Dificultades en el ritmo de habla (tartamudez)
o en la calidad de la voz (disfonía).
• Dificultades para establecer conversaciones
con distintas personas, relatar eventos o comprender
narraciones o intenciones de las demás
personas (trastorno pragmático-semántico).
La variedad de causas, problemas
asociados o disfunciones biológicas, configuran
un abanico de diagnósticos que van desde
los trastornos específicos de lenguaje
(leve, moderado, severo, ), hasta los problemas
de lenguaje asociados a diversos síndromes
tales como Sd. De Down, Autismo infantil, etc.
En la actualidad, sabemos que una
gran cantidad de trastornos del lenguaje y la
comunicación, presentan disfunciones en
la integración de mecanismos cerebrales
para la producción del lenguaje , la comprensión
del mundo , tanto físico, como social.
Muchos de los procesos involucrados, se relacionan
también con la modulación de los
afectos, temores y preferencias sensoriales de
los niños. Estas últimas, no siempre
son comprendidas por su entorno, por lo cual rara
vez son satisfechas de la manera en que los niños
esperarían.
Cualquier dificultad para comunicarse
con los demás genera, no sólo problemas
al mismo niño, sino que también
dentro del grupo familiar, el colegio y los distintos
entornos de la vida social. En general, las conductas
de la familia van desde la sobre protección
excesiva , a la total indiferencia o rechazo a
asumir el problema. En estos casos, los adultos
presentan un mundo de relaciones sociales y reacciones
emocionales que están fuera del alcance
de los niños. Por este motivo, al no comprender
el mundo de los demás, se originan una
serie de actitudes infantiles, que desde fuera
son vistas como inadecuadas o desafiantes.
Un caso que ilustra lo anterior
se refiere al origen del término autismo,
que fue acuñado por E. Bleuler a principios
del sigloXX, para referirse al comportamiento
de ciertos pacientes adultos ezquizofrénicos.
La hipótesis era que estos se apartaban
del mundo o rechazaban el entorno social, de manera
activa, debido a sus problemas mentales. Al describir
a un cierto tipo de niños, Leo Kanner,
en la década de los cuarenta, propone el
término de autismo infantil precoz para
designar a aquellos menores que presentaban grandes
dificultades comunicativas, afectivas, cognitivas
y sociales. A pesar de que las excelentes descripciones
de Kanner no han perdido vigencia, si lo ha hecho
la interpretación que se tuvo por mucho
tiempo de la causa y significado de las manifestaciones.
Hoy sabemos que el autismo no es una retirada
del mundo, sino más bien , una incapacidad
biológica para comprenderlo, para regular
la conducta y los estados afectivos y, que las
manifestaciones emocionales surgen de una compleja
relación entre las dificultades biológicas
y la manera en que el entorno social estimula
o restringe las posibilidades da cada caso particular.
Conductas tales como el mutismo
selectivo (no hablar en ciertas situaciones o
con personas desconocidas), la timidez excesiva,
la intolerancia a la frustración, los berrinches
y la falta de atención, son vistas actualmente
como estrategias que los niños con trastornos
de lenguaje y la comunicación utilizan
para manejar la tensión, angustia o aburrimiento
que les provoca el desarrollar interacciones poco
eficientes con los demás.
La mayoría de los niños
llega a tener la sensación de ser ineficientes
o en el mejor de los casos, distintos. De esta
manera, qué mejor estrategia que no hacer
lo que no se sabe, llorar o hacer pataletas para
dejar de ser exigido o aparentar no entender o
no estar atento, para disimular mi falta de comprensión.
También es muy común
que el estrés se relacione con el aumento
de hormonas tales como el cortisol y la adrenalina,
que se relacionan con conductas de agresión
o huída, por lo que tal inundación
química imposibilita al niño/a para
modular de manera autónoma sus reacciones
emocionales. Muchas veces, sobre todo en trastornos
severos del desarrollo, los famosos berrinches
o reacciones catastróficas o disruptivas,
son reacciones al estrés (miedo, angustia,
rabia) que provoca la estimulación, el
retiro de la preferencia, el cansancio o la sobre
estimulación.
Ciertas patologías, como
el Síndrome de X frágil, presentan
elevaciones anormales de cortisol, por lo que
tienden a ser más irritables y se estresan
con facilidad. Otros trastornos presentan dificultades
para conciliar el sueño o presentan un
sueño alterado, con la resultante de problemas
cognitivos y a emocionales, junto con una mayor
irritabilidad durante el día.
En relación al entorno social,
el común de los adultos entrega un exceso
de información verbal a los niños,
explicando cada cosa e intentando razonar de modo
complejo y "adulto" con los pequeños.
Se cree que los niños entienden porque
responden si o no frente a preguntas que se les
hacen. Más aún, pueden hacer preguntas
y propuestas tan extrañas del tipo "te
vas aportar como un niño educado, ¿ya'".
Un niño hasta los 5 años tiende
a guiarse más por la entonación
y la intencionalidad del adulto, que por el contenido
formal. De tal manera, preguntas sugerentes como
la señalada, generan respuesta de un si,
que es admitido por el adulto como señal
de una comprensión total y cabal del enunciado.
Sin embargo, ¿puede un niño
pequeño, que además comprende poco
o teme equivocarse, ponerse en el lugar del adulto
para "asumir " lo que este quiere que
él haga?. Recordemos las diferencias que
incluso existen en los adultos, dependiendo del
género, en relación a la comprensión
de determinados verbos procedimentales, indirectas
y lenguaje metafórico. Los niños
no desarrollan la comprensión de elementos
indirectos, nociones temporales complejas y causalidad,
antes de los 7-8 años. Sin embargo, las
grandes explicaciones de los adultos están
llenas de supuesta racionalidad y complejidad,
que se asume comprendida por los pequeños
interlocutores.
Muchos niños y niñas
con trastornos comunicativos, presentan además
trastornos de integración sensorial. Esto
significa que no responden al mundo de la manera
en que la mayoría lo hace. Algunos pueden
registrar pocos estímulos o necesitar mucha
intensidad para captar lagunas sensaciones. Otros
presentarán una hipersensibilidad a la
más mínima variación de estímulos.
Estas alteraciones pueden darse en una o más
modalidades senso- perceptuales (táctil,
olfativa, auditiva, propioceptiva, kinestésica,
vestibular). Por esto no extraño que las
familias se sorprendan frente a reacciones totalmente
inesperadas frente la música, una caricia,
el vestirlos, asearlos, etc. Muchas veces estas
situaciones terminan en verdaderas batallas campales,
con gritos, pataletas y llanto, con la respectiva
angustia del niño y la frustración
de sus padres.
Por esta razón es importante que las familias
conozcan y exijan la utilización de enfoques
sistémicos y ecológicos por parte
de los terapeutas, para que sean capacitados (no
sólo informados) en relación a las
dificultades de sus hijos e hijas, de las consecuencias
de tales dificultades y de las mejores opciones
de manejo familiar.
El primer paso para manejar las dificultades
emocionales de un niño con trastornos del
lenguaje o la comunicación se refiere a
la información que tanto los clínicos,
como la familia y el entorno social, deben manejar,
respectos de las alteraciones biológicas
o particularidades sensoriales de cada caso.
Somos nosotros quienes debemos ponernos en el
lugar de los niños, empatizando con sus
frustraciones y temores, en lugar de creer que
lloran o se equivocan sólo para molestarnos.
Como adulto pregúntese a sí mismo,
cómo se sentiría usted si no pudiera
pronunciar bien, no pudiera expresar lo que piensa
o siente y, lo que es peor, no pudiera entender
lo que se le dice. Más aún, cómo
se sentiría, si además le estuvieran
exigiendo todo el día hacer precisamente
eso que le cuesta.
Imagine la cultura y el lenguaje más extraño
y difícil de aprender. Piense que está
abandonado/a en ese país y que no entiende
nada de lo que se le habla ni lo que la gente
espera que usted haga. ¿Acaso, en tan solo
un par de semanas, no estaría con una depresión
extrema, llorando a mares y con ganas de que le
dejen tranquilo y nadie le moleste.
Si pudo hacer este ejercicio de imaginación,
ya sabe como se sienten los niños con trastorno
de lenguaje. Más aún, que sus problemas
emocionales no son solamente causa de su trastorno,
sino sobre todo, del modo en que nosotros manejamos
sus dificultades, le proporcionamos un mundo organizado
y predecible y, más importante, les apoyamos
en su desarrollo, alentando cada logro y permitiendo
que expresen su emoción dentro de los márgenes
culturales que les hacemos adoptar con cada juego
y acción que desarrollamos en conjunto.
Por último es necesario entender que los
trastornos del desarrollo0 y del lenguaje, no
son enfermedades en un sentido clásico,
sino que corresponden a agrupaciones de características
(signos, síntomas), las que, incluso en
una misma población diagnóstica,
son causadas por diversos factores, nunca de manera
lineal o única.
Como ejemplo, pensemos en dos personas que lloran.
Cada una puede llorar por causas distintas y sin
embargo serán rotuladas como “lloronas”,
aun cuando el origen y significado de su llanto
sea diferente.
Del mismo modo, cualquiera de nosotros puede
llorar en tras o más días seguidos,
cada uno por diferentes motivo, siendo catalogado
de “llorón”, sin importar el
motivo particular de cada episodio.
Entonces, según lo expuesto,¿ es
posible decir, de modo absoluto, de que un niño
o niña, presenta siempre la misma conducta
disruptiva, por el mismo motivo. De ser así,
el problema no es sólo del niño,
sino de un medio que ofrece siempre el mismo motivo
de conflicto.
JUEGO, LENGUAJE Y EMOCIONES.
Si contemplamos entonces muchas de las características
emocionales de los niños con trastornos
de lenguaje, como una respuesta para evitar mayores
frustraciones, rechazando hacer lo que les cuesta,
manifestando su desagrado por lo que no entienden,
o reaccionando a la frustración o la fatiga,
es claro que no es posible manejar estos problemas
de un modo directo o con enfoques "correctivos"
o rígidos.
Los niños obedecen a los principios de
placer (hago aquello que me gusta o me divierte)
,de economía (hago lo más fácil
y rápido) o de familiaridad y novedad(
hago lo que conozco o me intereso por lo nuevo)
por lo que es obvio que obtendremos mejores resultados,
en lo referente a las emociones, si incorporamos
aspectos como reglas de conducta o normas de comportamiento
y actitudes, dentro de situaciones de juego y
no solamente como limitaciones impuestas desde
fuera.
Otro aspecto a considerar a favor del juego,
es que jugar es muy distinto de frustrarse. Jugar
es hacer lo que me gusta, es aprender a disfrutar
lo que me cuesta un poco más, hasta hacer
del aprendizaje algo entretenido y, por tanto,
algo que me permite compartir con personas, aun
cuando exista un alto nivel de exigencia social.
Si por ejemplo, se propone que el que se para
pierde un turno, o el que habla vuelve a empezar,
o el que se enoja no juega, cada vez que la actividad
es muy motivante y entretenida, los niños
decidirán asumir esas reglas de comportamiento
ce modo activo, ya que les resulta imprescindible
para seguir jugando. De este modo, más
que imponérseles reglas de comportamiento,
son los niños quienes incorporan de modo
natural ciertas conductas y actitudes, sin necesitar
un control estricto, rígido o agresivo
por parte del adulto.
Para el caso de niños con trastornos mayores,
el hecho de enseñarles a jugar de modo
diferente con un mismo objeto, o a manipular diversos
materiales, permite que aumente el rango de intereses
y motivaciones, a la vez que ayuda a desarrollar
una conducta y emocionalidad más flexible.
Esto resultará a la larga en niños
cuyo comportamiento entrega más elementos
para poder trabajar o estimularlos, junto con
el hecho de tener mayores oportunidades de ser
consolados y poder así manjar la frustración
frente a las dificultades cotidianas.
Es fundamental que cada niño/a pueda interesarse
por muchas cosas, compartir actividades con otros
y poder participar por períodos de al menos
5-10 minutos en cada juego. A esta capacidad básica
para la interacción humana se le llama
Acción Conjunta y corresponde al primer
objetivo a desarrollar en casi la mayoría
de los niños con dificultades de comunicación
o interacción social.
Luego de lograda, la acción conjunta permite
generar instancias de juego colaborativo, alternancia
de turnos y roles y compartir juego simbólico.
Todo esto estará mediado por la comunicación
no verbal y el lenguaje, facilitando el aprendizaje
significativo y funcional. Es importante que lo
que se aprende, sobre todo en relación
al lenguaje y la comunicación, le sirva
a los niños para obtener cosas, acciones
, información o atención, a la vez
que puedan usarlo para dar órdenes, modificar
la conducta de los demás o comprender sus
propios estados emocionales.,
RECOMENDACIONES PARA EL MANEJO DE CONDUCTAS
DISRUPTIVAS.
En primer lugar, es necesario determinar y describir
lo mejor posible los siguientes aspectos:
• La conducta disruptiva.
• La reacción del entorno social.
• Los resultados de tal reacción.
• Los elementos que rodean la conducta
(qué pasó antes, durante y después).
• Las posibles motivaciones del niño.
• Cuanto tiempo dura la conducta negativa.
• Características sensoriales.
Luego de esto, es posible generar hipótesis
acerca de lo que origina una conducta, intentando
además relacionarla con posibles condicionantes
biológicos (fatiga, enfermedad, perfil
sensorial, sueño, etc.).
Una vez descritos los aspectos anteriores y generado
las hipótesis, se puede intentar el uso
de procedimientos correctivos. Algunos serán
de tipo más invasivo, intentando contener
físicamente al niño, entregando
estímulos sensoriales desagradables (castigo
positivo), retirando lo que el niño quiere
(castigo negativo). Procedimientos menos invasivos,
pueden incluir desvío de atención,
reducir la exigencia o complejidad de la actividad,
dejar que el niño llore mientras hace algunas
actividades.
Es importante que tanto los terapeutas, como
las familias y profesores, conozcan los enfoques
conductual, cognitivo y pragmático, a fin
de tener un amplio abanico de estrategias para
lidiar con la emocionalidad desatada de un niño.
Sólo a modo de síntesis, es posible
señalar las siguientes acciones a seguir,
en caso de berrinche, pataleta o agresión
a sí mismo, otros o destrucción
del medio físico. Las estrategias se enumeran
en sentido progresivo, pudiendo utilizarse de
modo aislado, conjunto o gradual.
I.-Técnicas “No Invasivas”(
se usan al inicio o en manifestaciones menos intensas):
• Desvío de atención: ofrecer
otros objetos, realizar otras actividades en
frente del niño, manifestando interés
y placer por el nuevo foco de acción.
• No atender: no atender la manifestación
hasta que cese por sí sola (saciamiento),
ofrecer otra acción y reforzar socialmente
al niño por la nueva conducta, para que
“aprenda” a obtener atención
mediante comportamientos socialmente adecuados.
• Disminuir la exigencia o la complejidad:
disminuyendo estos aspectos en cada actividad,
es posible que el niño se module al entender
y poder manejar la actividad. Todo cambio de
actitud se debe reforzar socialmente.
• Referencia Social: Es importante mantener
un rostro tranquilo o alegre para que el niño
no se contamine con la ansiedad del adulto.
A lo más un rostro más severo
al inicio, seguido por cambios favorables frente
a la más mínima modificación
de la conducta infantil.
• Time out/aislamiento: En caso de llanto
extremo, para prevenir o disminuir la ”pataleta”,
es recomendable buscar un lugar en el que el
niño pueda llorar, sin dañarse
(sillón, colcha, silla), acompañándolo
y evitando que se retire de ahí. El efecto,
generalmente en pocas aplicaciones, es que el
niño llore, pero disminuya los movimientos
o agresiones, se module y pueda volver a otra
actividad. La diferencia con la formulación
original del time out (tiempo fuera) se refiere
a que se entrega atención cada vez que
el niño disminuye la intensidad de su
conducta
II.-Técnicas “Invasivas”(
usadas en manifestaciones más intensas
o de mayor duración:
• Contención física: El
abrazo intenso, por más de 20 segundos,
tiende a generar sustancias químicas
(dopamina, serotonina) que aquietan la reacción.
En el peor de los caso, el abrazar y dejar que
el niño llore, le permite manifestar
sus emociones, sin tirarse al suelo, agredirse
o agredir a su entorno, abriendo la puerta a
un manejo posterior.
• Castigo positivo: Por el término
castigo sólo se entiende el entregar
estímulos o consecuencias desagradables
ante la presencia de conductas disruptivas.
No se quiere implicar aquí el uso de
la fuerza física o el castigo físico
(golpear es tener la fuerza, no la razón).
Castigos adecuados son ordenar lo que se bota,
botar cosas y que las ordenen, lavar la loza,
entregar objetos, etc (práctica positiva).
También la contención física
actúa al comienzo como castigo y luego
como apoyo.
• Castigo negativo: muy utilizado, consiste
en retirar lo que el niño desea frente
a la manifestación disruptiva y reingresarlo
frente a los cambios adecuados.
• Saciamiento: Consiste en permitir o
entregar al niño muco de la manifestación
inadecuada hasta que le incomode. Por ejemplo,
en el caso de niños que se tiran al suelo,
el no dejarlos pararse, tiene el efecto de que
se levanten sin tener que cargarlos. Si el niño
bota cosas, se le ayuda a botar más objetos
y se le hace recoger. Si un niño salta
en la pataleta, se le hace saltar por más
tiempo.
• Referencia social: Antes y después
de la aplicación de un procedimiento
invasivo, es conveniente mostrar un rostro más
severo, para que en el futuro se le asocie con
las consecuencias del berrinche. Así,
sólo el rostro o tono de voz, servirá
para aminorar las manifestaciones.
Estas son sólo recomendaciones, recordando
que cada niño tiene una biología
e historia particulares y que no existen recetas
de manejos, sino que buenas descripciones diagnósticas
que permitan entender cada manifestación
en su contexto inmediato y contemplando las posibles
bases neurofisiológicas implicadas.
RECOMENDACIONES GENERALES PARA JUGAR CON
NIÑOS CON TRASTORNO SEVERO DE LENGUAJE.
De lo expuesto, es necesario recordar que el
primer paso será siempre, desarrollar la
acción conjunta, que permita el juego colaborativo,
simbólico y social.
En el caso de que existan pocas habilidades comunicativas
y/o verbales se recomienda:
• Escoger un material simple, que pueda
ser manipulado fácilmente por el niño.•
Usar juguetes que permitan alternar turnos (encajes,
puzzles, muñecos).
• Usar animales, muñecos y objetos
cotidianos para construir acciones cotidianas
dentro del juego (lavar, comer, dormir, etc.).
• Intentar mantener la actividad con un
solo tipo de materiales o situación por
al menos 5 minutos.
• Usar un lenguaje simple, de frases cortas,
indicando y nombrando los objetos a usar, de
modo reiterativo, para que el niño entienda
claramente y pueda incluso repetir algunos gestos
o palabras.
• En ocasiones, jugar en espacios reducidos
y con pocos objetos, para que el niño
atienda a las acciones y las personas de modo
regular.
• Incorporar nuevos juegos o materiales
de modo progresivo, pero lento, para diversificar
los intereses del niño.
• Premiar con abrazos o elogios el buen
comportamiento.
• Ante rabietas, pataletas o agresiones,
suspender el juego. Conviene hacerlo ordenar
todo (le guste o no) a modo de consecuencia
negativa de su mal comportamiento. Ofrecerle
volver a jugar una vez calmado.
Para el caso de niños con habilidades
verbales:
• Escoger juegos o materiales que permitan
turnos, roles y que puedan incorporar lenguaje.
• Equivocarse para que el niño
nos corrija.
• No entender, para que el niño
nos explique.
• Negociar reglas de conducta como normas
del juego (el que habla, se para, etc., pierde).
• Otorgar el rol directivo al niño
para que verifique si lo hacemos bien o cumplimos
las normas.
• Variar la frecuencia de triunfos y derrotas.
Cuando el adulto pierde, mostrarle al niño
diversas formas de reacción frente a
la frustración, para luego incorporarlas
a las normas de conducta.
• Variar las personas o pares que puedan
ser incorporados a los juegos.
Es importante recordar que la emoción
surge de la interacción entre los aspectos
biológicos heredados y las maneras de vincularse
con los demás. Por esta razón, siempre
que nos encontremos frente a un niño o
niña con problemas de lenguaje y comunicación,
el mayor esfuerzo para la interacción habremos
de ponerlo nosotros, ayudando a los menores a
observar, identificar y manifestar todo tipo de
emociones, para que puedan construir un desarrollo
social y afectivo lo más completo posible.
Por último, nuestra actitud debe ser regular,
coherente con los límites que vamos poniendo
y con un sentido gradual de exigencia. Generalmente,
los logros son progresivos, por lo cual, los adultos
necesitamos, tanto como los niños, prepararnos
para enfrentar la frustración frente a
las dificultades que el manejo conductual presenta,
a terapeutas, profesores y, por sobre todo, al
entorno familiar. Este último, debe actuar
de manera concertada, apoyando no sólo
la terapia, sino, que también, los límites
y reglas que los padres proponen, ya que son estos
últimos, los que deben y necesitan convivir
diariamente con sus hijos/as y sus dificultades.
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