Separación Matrimonial: Cómo
hacer para que los hijos no se vean
Toda separación
matrimonial tiene un alto costo emocional tanto
para la pareja que se separa como para sus hijos
y la familia extensa involucrada (abuelos, tíos,
primos, etc.) El quiebre en el proyecto de vida
es un proceso muy duro para quien lo experimenta
e implica pasar por un proceso de duelo para poder
salir adelante.
Es cierto que en algunos casos el término
del matrimonio puede ser una solución a
problemas serios, sin embargo, es una opción
que hay que considerar con prudencia ya que tiene
un considerable impacto a nivel social, familiar
y personal. Pero sin duda que es aún más
difícil enfrentar esta situación
cuando hay hijos involucrados y los padres ven
cómo la separación repercute en
ellos.
Los hijos parecen ser los más afectados,
es una situación que no pueden controlar
y que involucra a las personas más significativas
de su vida, sus padres. Algunos presentan sentimientos
de angustia, conductas regresivas, irritabilidad
y confusión frente a los hechos. Otros
un poco mayores se sienten deprimidos, con la
sensación de tener la culpa y mantienen
fantasías de reconciliación; presentan
enojo y conflicto de lealtades. Más cercanos
a la adolescencia el sentimiento es de abandono
y les genera confusión y angustia sobre
sus propias relaciones de pareja.
Es por esto que es importante, al momento en
que se decide separarse, tomar las medidas necesarias
para afectar lo menos posible a los niños
involucrados. ¿Cómo se puede hacer
esto?
Ricardo Capponi en su libro "El amor después
del amor" describe algunas tareas que la
pareja debiera realizar con respecto a los hijos
al momento de la separación, las cuales
son las siguientes:
- Disminuir el efecto traumático
del anuncio de la separación, esto
es que no sea tan sorpresivo; que una vez
que se anuncia llevarlo a cabo para evitar
el aumento del estrés; hablar con
cada niño por separado y también
con todos juntos.
- Tranquilizar ansiedades de rechazo y abandono.
Esto puede hacerse hablando con el hijo
explicándole que la separación
es un asunto de los padres y que él
no tiene nada que ver en la decisión.
- Evitar la sobrecarga afectiva al hijo.
No contarle las propias necesidades sino
que estar atento a las de ellos.
- Atender a la expresión de rabias
con los padres que pueden manifestarse en
conductas rebeldes, actitudes agresivas,
somatizaciones e incluso depresiones. Mantener
una comunicación abierta con ambos
padres permitiéndoles la confrontación
y discusión.
- Permitir la expresión de la pena.
Es necesario hacer el duelo por la pérdida
para no vivir en una eterna fantasía.
- Mantener lo mayor posible de estabilidad
al niño en sus otras áreas
de vida (colegio, vivienda, abuelos, etc.)
Esta estabilidad debe ser tanto económica
como afectiva.
- Reconstruir una relación civilizada
con la ex pareja para asegurar el acceso
del niño a ambos padres.
- Generar confianza para lograr un amor
comprometido.
El tipo y nivel de repercusiones en los hijos
frente a una separación matrimonial, van
a depender de muchos factores entre los cuales
está: la forma en que se dio ésta,
la cantidad de cambios consecuentes, la edad del
niño, presencia o ausencia de redes de
apoyo (abuelos, hermanos, colegio, profesionales
de la salud, etc.)
Es muy importante para un desarrollo sano de
los hijos dejarlos fuera de los problemas de la
pareja, que no asuman un rol en la pugna o reconciliación
y liberarlos de la necesidad de hacer alianzas
con alguno de sus padres.
Es así como podemos decir que, un hijo
que sepa que puede contar con ambos padres, que
se sienta contenido emocionalmente por ellos y
sienta que su vida tiene cierta estabilidad, va
a ser capaz de salir adelante acostumbrándose
a esta, su nueva realidad.
Textos Sugeridos:
- "El amor después del amor"
Ricardo Capponi;
- "Enfrentar la separación y construir
una nueva familia" Arturo Roizblatt.
Martín
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