por
Nathalia Calderón Astorga, Licda. Natalia
Calderón Astorga. M.Sc. Terapeuta del
Lenguaje Oral y Escrito. Especialista en Dificultades
del Aprendizaje. PEDAGOGA. Administradora
Educativa. Universidad Nacional de Costa Rica
- Universidad Católica de Costa Rica
La socialización como elemento fundamental
en la vida.
Recordando que
la socialización es un proceso mediante
el cual el individuo adopta los elementos socioculturales
de su medio ambiente y los integra a su personalidad
para adaptarse a la sociedad. Dicho en otros términos,
socializar es el proceso por el cual el niño,
aprende a diferenciar lo aceptable de lo inaceptable
en su comportamiento. Socializar es un proceso
muy importante que debe fomentarse en los niños
y niñas desde muy corta edad.
La primera infancia es el periodo en el que tiene
lugar el proceso de socialización más
intenso, cuando el ser humano es más apto
para aprender. Desde que se nace se está
aprendiendo y se continúa haciéndolo
hasta la muerte. Así como no todos los
niños gatean, caminan o hablan a la misma
edad, tampoco para aprender hay una edad fija.
Los niños difieren unos de otros en cuanto
a su ritmo de aprendizaje, de ahí la importancia
de ofrecer estímulos, experiencias o materiales
que contribuyan en el aprendizaje, ya que el proceso
mismo lo realizan los propios niños.
Este proceso mediante el cual los niños
aprenden a diferenciar lo aceptable (positivo)
de lo inaceptable (negativo) en su comportamiento
se llama socialización. Se espera que los
niños aprendan, por ejemplo, que las agresiones
físicas, el robo y el engaño son
negativos, y que la cooperación, la honestidad
y el compartir son positivos. Algunas teorías
sugieren que la socialización sólo
se aprende a través de la imitación
o a través de un proceso de premios y castigos.
Sin embargo, las teorías más recientes
destacan el papel de las variables cognitivas
y perceptivas, del pensamiento y el conocimiento,
y sostienen que la madurez social exige la comprensión
explícita o implícita de las reglas
del comportamiento social aplicadas en las diferentes
situaciones.
Sin embargo, la socialización del niño
durante la infancia no constituye en sí
una preparación suficiente y perfecta,
sino que a medida que crece y se desarrolla su
medio ambiente podrá variar exigiéndole
nuevos tipos de comportamiento. Por lo tanto es
fundamental ir enfrentando a nuestros niños
y niñas a diversos ambientes: familiar,
escolar, comunal y otros...
Los diversos aspectos del desarrollo del niño
abarcan el crecimiento físico, los cambios
psicológicos y emocionales, y la adaptación
social. Es válido propiciar la adaptación
social, como la fuente de SOCIALIZACIÓN
en los niños (as).
Motivar a nuestros hijos a relacionar y socializar,
redundará en beneficio de una sana personalidad.
Ya que esto permitirá a los niños
aprender a evitar conflictos y a manejarlos cuando
inevitablemente ocurren. Los padres excesivamente
estrictos o permisivos limitan las posibilidades
de los niños al evitar o controlar esos
conflictos.
Numerosas investigaciones han llegado a la conclusión
de que el comportamiento y actitudes de los padres
hacia los hijos es muy variada, y abarca desde
la educación más estricta hasta
la extrema permisividad, de la calidez a la hostilidad,
o de la implicación ansiosa a la más
serena despreocupación. Estas variaciones
en las actitudes originan muy distintos tipos
de relaciones familiares. La hostilidad paterna
o la total permisividad, por ejemplo, suelen relacionarse
con niños muy agresivos y rebeldes, mientras
que una actitud cálida y restrictiva por
parte de los padres suele motivar en los hijos
un comportamiento educado y obediente. Los sistemas
de castigo también influyen en el comportamiento.
Por ejemplo, los padres que abusan del castigo
físico tienden a generar hijos que se exceden
en el uso de la agresión física,
ya que precisamente uno de los modos más
frecuentes de adquisición de pautas de
comportamiento es por imitación de las
pautas paternas (aprendizaje por modelado).
Las relaciones sociales infantiles suponen interacción
y coordinación de los intereses mutuos,
en las que el niño adquiere pautas de comportamiento
social a través de los juegos, especialmente
dentro de lo que se conoce como su 'grupo de pares'
(niños de la misma edad y aproximadamente
el mismo estatus social, con los que comparte
tiempo, espacio físico y actividades comunes).
De esta manera pasan, desde los años previos
a su escolarización (desde la etapa preescolar)
hasta su adolescencia, por sistemas sociales progresivamente
más sofisticados que influirán en
sus valores y en su comportamiento futuro. La
transición hacia el mundo social adulto
es apoyada por los fenómenos de liderazgo
dentro del grupo de iguales, donde se atribuyen
roles distintos a los diferentes miembros en función
de su fuerza o debilidad. Además, el niño
aprende a sentir la necesidad de comportarse de
forma cooperativa, a conseguir objetivos colectivos
y a resolver conflictos entre individuos. La conformidad
(acatamiento de las normas del grupo social) con
este grupo de pares alcanzará su cuota
máxima cuando el niño llegue a la
pubertad, a los 12 años aproximadamente,
y nunca desaparecerá del comportamiento
social del individuo, aunque sus manifestaciones
entre los adultos sean menos obvias.
Los miembros de los grupos de pares cambian con
la edad, tendiendo a ser homogéneos (del
mismo sexo, de la misma zona) antes de la adolescencia.
Después pasan a depender más de
las relaciones de intereses y valores compartidos,
formándose grupos más heterogéneos.
Por otro lado analizaremos, que entre mayor interacción,
relaciones sociales o socialización tengan
nuestros hijos (as), con sus grupos pares; se
convertirán en personas más seguras
y extrovertidas. Ayudando por tanto la SOCIALIZACIÓN
a contrarrestar la TIMIDEZ o limitación
o defecto del carácter que impide el desarrollo
armónico del yo y que en las personas que
la padecen se manifiesta por una inseguridad ante
los demás, una torpeza o incapacidad para
afrontar y resolver las relaciones sociales.
Lo que caracteriza a la timidez es la perturbación
afectiva refleja a la presencia de los demás
como un mecanismo de defensa del yo. Sus orígenes
son complejos; puede provenir de una actitud hereditaria,
pero en la mayor parte de los casos es la consecuencia
de un defecto de socialización (carencia
de socialización o de interacción)
debido a un medio insuficiente o excesivamente
protector. Pese a que la timidez y el complejo
o sentimiento de inferioridad suelen aparecer
asociados, se trata de fenómenos independientes,
aunque ambos surgen por las mismas causas. La
timidez se manifiesta en todos los campos de la
actividad: física, intelectual y sentimental.
El niño tímido, en general, se presenta
con un aire de cortedad, con una actitud vacilante
y un carácter nervioso no activo (palpitaciones,
temblores, enrojecimiento repentino). Con frecuencia
desarrolla un comportamiento autoritario como
modo de compensar sus propios miedos.
De lo anterior desprendemos que la socialización
va muy ligada a establecer buenas y sanas relaciones
interpersonales; así que la timidez en
muchos casos podría deberse a problemas
de socialización o de interacción
ausente o escasa en los niños y niñas.
Es fundamental que el padre - madre de familia,
ayude a formar la personalidad de su hijo (a),
para encaminarlos hacia el éxito. En gran
parte los padres de familia, tenemos en nuestras
manos el poder de crear hijos éxitos, es
tiempo ya de empezar a trabajar en la construcción
de una personalidad definida en los niños
y niñas.
Martín
de Zamora 4602 Las Condes - Santiago - Chile Fonos 206.06.72 -
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