Problemas Emocionales en los Niños
con Trastornos de Lenguaje.
Si bien es cierto,
los trastornos del desarrollo del lenguaje y la
comunicación son de muy diverso origen
y variadas características, es un hecho
comprobado que la mayoría de los niños
afectados, puede presentar secuelas en su desarrollo
social y afectivo.
En general, las dificultades del desarrollo de
lenguaje, pueden manifestarse, desde grados leves
a severos, con síntomas como los siguientes:
· Dificultades para pronunciar sonidos
(dislalias) o formar completamente las palabras
(trastorno fonológico).
· Dificultades para armar oraciones,
incorporar elementos sintácticos (pronombres,
preposiciones, artículos) o conjugar
frases verbales (trastorno sintáctico).
· Dificultad para incorporar vocabulario,
conceptos o comprender el lenguaje esperado
para la edad (trastorno semántico).
· Dificultades en el ritmo de habla
(tartamudez) o en la calidad de la voz (disfonía).
· Dificultades para establecer conversaciones
con distintas personas, relatar eventos o
comprender narraciones o intenciones de las
demás personas (trastorno pragmático-semántico).
La variedad de causas, problemas asociados o
disfunciones biológicas, configura un abanico
de diagnósticos que van desde los trastornos
específicos de lenguaje (leve, moderado,
severo, disfasia), hasta los problemas de lenguaje
asociados a diversos síndromes tales como
sd. De Down, Autismo infantil, etc.
Cualquier dificultad para comunicarse con los
demás genera, no sólo problemas
al mismo niño, sino que también
dentro del grupo familiar, el colegio y los distintos
aspectos de la vida social. En general, las conductas
de la familia van desde la sobre protección
excesiva a la total indiferencia o rechazo a asumir
el problema. En estos casos, los adultos presentan
un mundo de relaciones sociales y reacciones emocionales
que están fuera del alcance de los niños.
Por este motivo, al no comprender el mundo de
los demás, se originan una serie de actitudes
infantiles, que desde fuera son vistas como inadecuadas
o desafiantes.
Conductas tales como el mutismo selectivo (no
hablar en ciertas situaciones o con personas desconocidas),
la timidez excesiva, la intolerancia a la frustración,
los berrinches y la falta de atención,
son vistas actualmente como estrategias que los
niños con trastornos de lenguaje utilizan
para manejar la tensión, angustia o aburrimiento
que les provoca el desarrollar interacciones poco
eficientes con los demás.
La mayoría de los niños llega a
tener, si se le dan las claves de modo recurrente,
la sensación de ser ineficiente o en el
mejor de los casos, distinto. De esta manera,
qué mejor estrategia que no hacer lo que
no se sabe, llorar o hacer pataletas para dejar
de ser exigido o aparentar no entender o no estar
atento, para disimular mi falta de comprensión.
El común de los adultos entrega un exceso
de información verbal a los niños,
explicando cada cosa e intentando razonar de modo
complejo y "adulto" con los pequeños.
Incluso se argumenta que los niños entienden
porque responden si o no frente a preguntas que
se les hacen. Más aún, pueden comprometer
un sí ante una propuesta del tipo "te
vas aportar como un niño educado, ¿ya'".
La pregunta es: ¿puede un niño
pequeño, que además comprende poco
o teme equivocarse, ponerse en el lugar del adulto
para "asumir " lo que este quiere que
él haga?.
Somos nosotros quienes debemos ponernos en el
lugar de los niños, empatizando con sus
frustraciones y temores, en lugar de creer que
lloran o se equivocan sólo para molestarnos.
Como adulto pregúntese a sí mismo,
cómo se sentiría usted si no pudiera
pronunciar bien, o no pudiera expresar lo que
piensa o siente o, lo que es peor, no pudiera
entender lo que le dice. Más aún,
cómo se sentiría, si además
le estuvieran exigiendo todo el día hacer
precisamente eso que le cuesta.
Imagine la cultura y el lenguaje más extraño
y difícil de aprender. Piense ahora que
lo han dejado abandonado en ese país y
que no entiende nada de lo que se le habla y no
puede acertar con lo que la gente espera que usted
haga. ¿Acaso, en tan solo un par de semanas,
no estaría con una depresión extrema,
llorando a mares y con ganas de que le dejen tranquilo
y nadie le moleste?.
Si pudo hacer este ejercicio de imaginación,
ya sabe como se sienten los niños con trastorno
de lenguaje. Más aún, que sus problemas
emocionales no son solamente causa de su trastorno,
sino sobre todo, del modo en que nosotros manejamos
sus dificultades, le proporcionamos un mundo organizado
y predecible y, más importante, les apoyamos
en su desarrollo, alentando cada logro y permitiendo
que expresen su emoción dentro de los márgenes
culturales que les hacemos adoptar con cada juego
y acción que desarrollamos en conjunto.
JUEGO, LENGUAJE Y EMOCIONES.
Si contemplamos entonces muchas de las características
emocionales de los niños con trastornos
de lenguaje, como una respuesta para evitar mayores
frustraciones, rechazando hacer lo que les cuesta
o manifestando su desagrado por lo que no entienden,
es claro que no es posible manejar estos problemas
de un modo directo o con enfoques "correctivos"
o rígidos.
Los niños obedecen a los principios de
placer (hago aquello que me gusta o me divierte)
o de economía (hago lo más fácil
y rápido) por lo que es obvio que obtendremos
mejores resultados, en lo referente a las emociones,
si incorporamos aspectos como reglas de conducta
o normas de comportamiento y actitudes, dentro
de situaciones de juego.
Otro aspecto a considerar a favor del juego,
es que jugar es muy distinto de frustrarse. Jugar
es hacer lo que me gusta, es aprender a disfrutar
lo que me cuesta un poco más, hasta hacer
del aprendizaje algo entretenido y, por tanto,
algo que me permite compartir con personas, aun
cuando exista un alto nivel de exigencia social.
Si por ejemplo, se propone que el que se para
pierde un turno, o el que habla vuelve a empezar,
o el que se enoja no juega, cada vez que la actividad
es muy motivante y entretenida, los niños
decidirán asumir esas reglas de comportamiento
ce modo activo, ya que les resulta imprescindible
para seguir jugando. De este modo, más
que imponérseles reglas de comportamiento,
son los niños quienes incorporan de modo
natural ciertas conductas y actitudes, sin necesitar
un control estricto, rígido o agresivo
por parte del adulto.
Para el caso de niños con trastornos mayores,
el hecho de enseñarles a jugar de modo
diferente con un mismo objeto, o a manipular diversos
materiales, permite que aumente el rango de intereses
y motivaciones, a la vez que ayuda a desarrollar
una conducta y emocionalidad más flexible.
Esto resultará a la larga en niños
cuyo comportamiento entrega más elementos
para poder trabajar o estimularlos, junto con
el hecho de tener mayores oportunidades de ser
consolados y poder así manjar la frustración
frente a las dificultades cotidianas.
RECOMENDACIONES GENERALES PARA JUGAR CON
NIÑOS CON TRASTORNO DE LENGUAJE.
En el caso de que existan pocas habilidades comunicativas
y/o verbales:
· Escoger un material simple , que
pueda ser manipulado fácilmente por
el niño.
· Usar juguetes que permitan alternar
turnos ( encajes, puzzles, muñecos).
· Usar animales, muñecos y objetos
cotidianos para construir acciones cotidianas
dentro del juego (lavar, comer, dormir, etc).
· Intentar mantener la actividad con
un solo tipo de materiales o situación
por al menos 5 minutos.
· Usar un lenguaje simple, de frases
cortas , indicando y nombrando los objetos
a usar, de modo reiterativo, para que el niño
entienda claramente y pueda incluso repetir
algunos gestos o palabras.
· En ocasiones, jugar en espacios reducidos
y con pocos objetos, para que el niño
atienda a las acciones y las personas de modo
regular.
· Incorporar nuevos juegos o materiales
de modo progresivo, pero lento, para diversificar
los intereses del niño.
· Premiar con abrazos o elogios el
buen comportamiento.
· Ante rabietas, pataletas o agresiones,
suspender el juego. Conviene hacerlo ordenar
todo (le guste o no ) a modo de consecuencia
negativa de su mal comportamiento. Ofrecerle
volver a jugar una vez calmado.
Para el caso de niños con habilidades verbales:
· Escoger juegos o materiales que
permitan turnos, roles y que puedan incorporar
lenguaje.
· Equivocarse para que el niño
nos corrija.
· No entender, para que el niño
nos explique.
· Negociar reglas de conducta como
normas del juego ( el que habla, se para,
et6c., pierde).
· Otorgar el rol directivo al niño
para que verifique si lo hacemos bien o cumplimos
las normas.
· Variar la frecuencia de triunfos
y derrotas. Cuando el adulto pierde, mostrarle
al niño diversas formas de reacción
frente a la frustración, para luego
incorporarlas a las normas de conducta.
· Variar las personas o pares que puedan
ser incorporados a los juegos.
Martín
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