"Nadie
nos enseña a ser padres",
es la frase que comúnmente se escucha y
se dice cuando vemos que nuestro hijo o hija no
se ajusta a lo que nosotros esperamos de él,
o cuando desobedece, o si es muy inquieto o si
simplemente nos sentimos sobrepasados e impotentes
y no sabemos como hacer para que nuestro hijo
se de cuenta o sienta todo lo que lo amamos. Y
es verdad que no contamos fácilmente con
buenas herramientas para decidir que sistema utilizaremos
dentro de la crianza de nuestro hijo. Hemos sido
educados de una forma, nuestra pareja lo ha sido
de otra y vemos a amigos, vecinos y otros, cada
uno con su sistema, y nos cuesta llegar a un acuerdo.
Para muchos padres es difícil decidir que
actitud tomar en cada situación con un
hijo: cómo enseñar, cómo
entregar confianza, cómo entregar y recibir
afecto, cómo hacer ver que hay cosas que
se pueden hacer y otras que no, cómo enseñar
lo que es peligroso, cómo trasmitir tranquilidad
y seguridad, cómo hacer que se hagan responsables,
cómo ayudarlos a ser felices, cómo
controlar la inquietud, cómo hacer que
mantengan la atención, cómo entretenerlos
o cómo hacer para que aprendan a entretenerse,
…etc.
Existen dos aspectos importantes de considerar.
Una, que en todo adulto que interactúa
en forma cercana y mantenida con niños
y/o jóvenes surgen los deseos de participar
del desarrollo de éstos, ser parte de su
formación, de la adquisición de
conocimientos y destrezas, lo que permite que
exista una relación con diversas personas
distintas a la familia nuclear (otros familiares,
profesores, monitores de grupos, etc.). Dos, que
desde antes de nacer, durante el embarazo, todo
individuo está expuesto a la vida de su
madre, a sus emociones, reacciones y acciones,
así como a las de los demás adultos
y niños que vivan en su entorno, y que,
mientras menor es el niño, mayores son
las huellas que va dejando el modo de cómo
nos relacionemos con él.
Una de las situaciones más estudiadas y
que más frecuentemente son generadoras
de conflictos, es el cómo hacemos ver a
nuestro hijo o hija que hay cosas que si se pueden
hacer y otras que no, cosas que están bien
y cosas que no, conductas sanas y positivas y
otras peligrosas o dañinas, que acepten
que no todo lo que se quiere se puede y que no
todo lo que se puede se debe. Es aquí en
donde surgen la impotencia y rabia de los padres,
los castigos, las agresiones (verbales y físicos),
los miedos y rebeldías de los hijos, etc.
A continuación, presento algunas consideraciones
esenciales para decidir cómo actuar ante
los hijos, como padres o adultos responsables,
para favorecer el sano desarrollo de éstos:
1. Es imprescindible comprender
que el niño debe aprehender el cómo
actuar, no nace sabiéndolo, por lo
tanto no se le puede exigir algo que no se
le ha enseñado. 2. Saber y comprender que
existen periodos normales de rebeldía,
como las pataletas del niño de 3 años
a 3 años y medio, los correspondientes
a la adolescencia y los momentos de rebeldía
que son en respuesta a una situación
emocional conflictiva, ante los que se debe
actuar con serenidad, firmeza, ternura y confianza. 3. Mientras exista mayor
acuerdo y coherencia entre la actitud de todos
los adultos que comparten con el niño,
mayor será la claridad del mensaje
para éste, menor será la confusión
y mayor será el aprendizaje adecuado. 4. La actitud y mensajes
hacia el niño deben ser acordes a la
edad de éste, siendo distintas las
necesidades a cada edad. 5. El castigo es una herramienta
de crianza posible y útil, pero antes
que ésta, existe el diálogo
acorde a la edad y la actitud clara, firme
y tranquila que señale y muestre lo
que se espera del menor. Saber decir que "no"
a lo que es "no", y actuar en consecuencia,
habiendo decidido de antemano en qué
cosas se puede ceder y en qué cosas
no (ya que firmeza y claridad no es lo mismo
que rigidez o inflexibilidad). 6. Antes también que
castigar ante la conducta negativa es más
productivo el reforzar la conducta deseada
o positiva, felicitándole. 7. Es necesario no condicionar
el acercamiento afectivo a la presencia o
no de conductas "buenas" o "malas",
Yo no demostraré mi cariño solo
si mi hijo me obedece, o no me limitaré
a decirle te amo sólo si es un hijo
"modelo". 8. Establecido un castigo
ante determinadas conductas, es más
beneficioso cuando se cumple lo siguiente:
· Haber sido acordado previamente
entre los adultos responsables, con la participación
del niño de acuerdo a su edad, es
decir que el niño sepa de antemano
qué es lo que ocurrirá si
hace tal o cual cosa.
· Castigar privando de actividades
que como padres encontremos que no son escenciales
para el desarrollo sano de nuestros hijos.
· Ser dado inmediatamente de ocurrida
la conducta indeseada, (por el adulto que
se encuentre en ese momento con el niño),
para que se comprenda que el castigo es
por esa determinada conducta y no porque
el niño en si sea "malo".
· Debe ser corto. Los que duran mucho
tiempo no motivan a un cambio en la conducta,
si no que aumentan la desesperanza y la
auto y hetero depreciación.
· Ser coherente, en relación
a la magnitud de la situación que
se está castigando y mostrar una
actitud similar a lo largo del tiempo.
· Ser consistente. Que efectivamente
se haga cumplir, sin existir desautorizaciones
que sólo promueven el que uno mismo
como padre enseñe a no respetar lo
que uno dice o que no se respete lo que
otro adulto dice.
9. Comprender que la agresión
físico y psicológica (ridiculizaciones,
amenazas y privación de afecto), distancia
a padres de hijos, no enseña la conducta
adecuada, hace actuar motivado por el miedo
y no por la comprensión de lo que es
bueno y da un modelo de resolución
de problemas por la vía de la agresión.
Además esto será imitado durante
la niñez y frecuentemente será
el estilo de relación con las demás
personas cuando sean adultos.
Es así como, junto con muchos otros elementos
necesarios para la adecuada interacción
entre padres e hijos, se permitirá el desarrollo
sano de personas en un ambiente de cercanía
y calidez afectiva, el cual será gratificante
para todos y cada uno de los miembros de una familia.
Martín
de Zamora 4602 Las Condes - Santiago - Chile Fonos 206.06.72 -
228.49.76 Fax 207.18.92 ceril@ceril.net