por
Juan Carlos Arango L.* Mercedes Jimenez B.**
*Doctorando Universidad Autónoma de
Madrid Grupo de Neurociencias Universidad
de Antioquia - Colombia **Doctoranda Universidad
Complutense de Madrid Introducción
gresividad Infantil
TRATAMIENTO DE LA FOBIA SOCIAL EN NIÑOS
Y ADOLECENTES
1. Introducción
La ansiedad social interfiere en el desarrollo
de habilidades sociales adecuadas y, por consiguiente
en el incremento de la autoevaluación negativa;
Produciendosen conductas de evitación en
una variedad de situaciones sociales. Los niños
con este trastorno presentan una interrupción
en el desarrollo de su funcionamiento que, a largo
plazo puede conllevar a un mal ajuste en la adolescencia
y la adultez, Además, su curso y evolución
crónica se debe, en gran parte, a que no
se consulta frecuentemente por este trastorno
o se acude a la terapia en fases ya avanzadas
.Al ser un trastorno que tiene mayor expresión
externa y produce menores molestias a los padres
y profesores, se hace difícil que éstos
identifiquen el sufrimiento del niño y,
en muchos casos, se atribuye su comportamiento
a rasgos de personalidad como la timidez.
Por lo anterior este articulo tiene como objetivo
realizar una revisión acerca de las principales
características clínicas de dicho
trastorno así como el poder analizar que
trabajos se han realizado durante los 3 últimos
años al respecto y con base en esto elaborar
una propuesta de tratamiento que pudiera ser útil
a los clínicos que a diario tratan con
problemas de este tipo.
1.1. Concepto y características
de la fobia social en los niños y los adolescentes
1.1.2. Concepto de fobia social
Según el DSM-IV (APA, 1994) la fobia social
se define como un temor acusado y persistente
por una o más situaciones sociales o actuaciones
en público en las que el sujeto se ve expuesto
a personas que no pertenecen al ámbito
familiar o a la posible evaluación por
parte de los demás. El individuo teme actuar
de un modo (o mostrar síntomas de ansiedad)
que sea humillante o embarazoso. Este miedo se
asocia a una conducta de evitación de las
situaciones sociales o actuaciones en público
temidas o bien se experimentan con ansiedad o
malestar intensos. Los comportamientos de evitación,
la anticipación ansiosa, o el malestar
que aparece en las situaciones sociales o actuaciones
en público temidas interfieren acusadamente
con la rutina normal del individuo, con sus relaciones
laborales (o académicas) o sociales, o
bien producen un malestar clínicamente
significativo.
I.1.3. Tipos de fobia social
Se diferencia entre fobia social específica,
cuando se centra en situaciones muy concretas
como comer, escribir o tocar un instrumento musical
en público, y fobia social generalizada,
cuando el temor aparece en la mayor parte de las
situaciones sociales. Este último tipo
de fobia social es el que se da mayoritariamente
y en el que los sujetos son más propensos
a presentar deficiencias en habilidades sociales
y al deterioro de las relaciones sociales y laborales.
I.1.4. Características clínicas
de la fobia social en niños y adolescentes
En los niños, se necesita demostrar que
sus capacidades para relacionarse socialmente
con sus familiares son normales y han existido
siempre, y que la ansiedad social aparece en las
reuniones con individuos de su misma edad y no
sólo en cualquier interrelación
con un adulto. La ansiedad puede traducirse en
lloros, tartamudez, parálisis, abrazos
o aferramiento a familiares cercanos, y la inhibición
o abstención de mantener relaciones con
los demás llegando incluso al mutismo.
Lo que se pone de relieve, más que un empeoramiento
respecto al nivel previo de actividad, es una
falta de consecución de las expectativas
que se habían creado con respecto a su
edad. Los niños mayores pueden mostrarse
excesivamente tímidos en los ambientes
sociales alejados de la familia, eludir los contactos
con los demás, rehusar participar en juegos
de equipo y mantenerse típicamente en una
posición de segunda línea en las
actividades sociales, procurando aferrarse siempre
a sus familiares de mayor edad. Es posible que
disminuya la participación de estos niños
en clase, que haya negativa a asistir a la escuela
o evitación de las actividades y citas
adecuadas para su edad. Cuando el trastorno se
inicia en la adolescencia, puede conducir a un
empeoramiento del rendimiento social o académico.
A diferencia de los adultos, en los niños
puede faltar el reconocimiento de que el temor
es excesivo o irracional, éstos no suelen
tener la oportunidad de evitar la totalidad de
situaciones temidas, y es posible que se muestren
incapaces de identificar la naturaleza de la ansiedad.
Además, el cuadro sintomático debe
prolongarse como mínimo 6 meses en los
individuos menores de 18 años.
1.1.5. Prevalencia y curso
La prevalencia de este trastorno en la infancia
y la adolescencia ha sido estimado en el 1.2%
(Bragado, 1996) y en el 2% en la población
adulta (Echeburúa, 1995). La forma de comienzo
puede ser lenta e insidiosa o brusca tras una
experiencia estresante o humillante. Habitualmente
sigue un curso crónico o continuo.
1.1.6. Inclusión de la fobia social
en las clasificaciones diagnósticas
En el DSM-IV (APA,1994) los trastornos de ansiedad
en niños y adolescentes son definidos de
un modo diferente a como se había hecho
anteriormente. Como consecuencia, desaparece el
trastorno de evitación contemplado en el
DSM-III-R (APA,1987) y es incluido dentro de la
fobia social en el apartado general, por lo cual
no proporciona ninguna categoría diagnóstica
específica de este trastorno en esta población.
Por el contrario, la CIE-10 (OMS,1992) incluye
el Trastorno de hipersensibilidad social en la
infancia que se incluye en el trastorno por evitación
de la infancia o la adolescencia (similar al trastorno
de evitación en el DSM-III-R).
1.2. Tratamientos de la fobia social
Con referencia específica a la intervención
de la fobia social, destaca la escasez de investigaciones
al respecto. Esto es debido en gran parte a que
los investigadores se han centrado fundamentalmente
en el estudio y diseño de estrategias de
tratamiento para el niño con manifestaciones
externas: agresivo, inconforme, hiperactivo e
impulsivo; y no en el desarrollo de estrategias
de tratamiento para el niño con manifestaciones
internas: ansioso, aislado e introvertido, a pesar
de su considerable prevalencia en la población
infantil.
Barrios y O`Dell (1989; citado en Albano, 1995)
realizaron una revisión del tratamiento
de los trastornos de ansiedad en los niños
y señalaron que los estudios de tratamiento
predominantemente consistían en estudios
de casos únicos o estudios no controlados,
en su mayoría enfocados sobre miedos específicos,
utilizando una variedad de métodos conductuales
en un contexto individual. Kendall (1996) comenta
que los seguimientos a largo plazo son raros y
a menudo los estudios carecen de rigor metodológico.
Con respecto a los enfoques de intervención,
los investigadores han planteado los siguientes:
1. El enfoque cognitivo-conductual, el cual enfatiza
el proceso de aprendizaje y la influencia de las
contingencias y los modelos del entorno a la vez
que subraya la importancia central de la manera
individual de procesamiento de la información
relevante (Kendall, 1997). Gran parte de los estudios
de tratamiento cognitivo-conductual para la ansiedad
infantil se han enfocado en los miedos nocturnos,
miedo al dentista o a los procedimientos médicos,
ansiedad a la evaluación y algunos estudios
de casos clínicos. La mayoría de
las investigaciones han demostrado el éxito
del tratamiento sobre los grupos controles cuando
se usa una aproximación a las estrategias
de afrontamiento que combina técnicas de
autoinstrucciones con técnicas conductuales
como la exposición en vivo, la imaginación,
la relajación y el refuerzo contigente
(Kendall, 1994).
2. El tratamiento grupal no ha sido considerado
apenas en la investigación a pesar de que
los resultados revelan que las eventualidades
grupales fomentan el apoyo de los iguales, proporciona
oportunidades de reforzamiento, de compartir recursos,
y aumenta la provocación y el modelado
de conductas deseables (Kazdin, 1994; citado en
Barrett, 1998). Además, los estudios realizados
sobre la intervención cognitivo-conductual
o familiar de los trastornos de ansiedad infantiles,
bajo un formato grupal, han sido ensayos clínicos
no controlados
3. Terapia familiar. Aunque la mayoría
de los terapeutas cognitivo-conductuales aprueban
la importancia de la implicación de los
padres en el tratamiento, una revisión
de Braswell (1991; citado en Albano, 1995) señaló
que la implicación de los padres en el
proceso de tratamiento era la excepción
más que la regla. El entrenamiento de padres
en estrategias específicas para manejar
los problemas del niño, mejorar la resolución
de los problemas matrimoniales y familiares y
la comunicación, y el ajuste psicosocial
propio de los padres, son algunas de las estrategias
que parecen estar asociadas con los mejores resultados
de las intervenciones clínicas en la infancia
(Miller & Prinz, 1990; citado en Barrett,
1996). La implicación de los padres implica
también la consideración de los
mismos de su propia experiencia ansiosa y de sus
intentos de afrontamiento de las situaciones que
les provocan ansiedad como la ansiedad paterna
relacionada con el apoyo de la autonomía
del niño, ya que algunos estudios han sugerido
que los niños que tienen mayor riesgo de
desarrollar trastornos de ansiedad provienen de
entornos familiares caracterizados por una organización
rígida y de control, las cuales proporcionan
menos independencia a los niños, y por
reducida tolerancia a la expresión de ira
y otras emociones negativas (Sigueland, Kendall,
& Steinberg, 1996; citado en Howard &
Kendall, 1996).
4. Entrenamiento en habilidades sociales. Con
respecto al modelo de déficits de habilidades
sociales, la carencia de éstas juega un
papel importante en el desarrollo y mantenimiento
de las relaciones disfuncionales con los iguales
(Asher, 1985; Bierman, 1989; Ladd & Mize,
1983; citado en Blonk, 1996). Esta línea
de razonamiento ha llevado al desarrollo del entrenamiento
de habilidades sociales, que ha llegado a ser
una intervención fundamental bajo la suposición
de que este entrenamiento estimulará las
relaciones con los iguales y asegurará
el que los niños adquieran los tipos de
competencias necesarias para alcanzar y disfrutar
de la aceptación grupal y relaciones personales
más próximas (Asher, 1990; citado
en Blonk, 1996). No obstante, hay que tomar en
consideración dos aspectos que pueden matizar
los resultados de las investigaciones llevadas
a cabo sobre el entrenamiento en habilidades sociales:
en primer lugar, que la mayoría de los
resultados de los estudios se han dirigido a muestras
seleccionadas más que a muestras clínicas;
y en segundo lugar, se ha observado que la incompetencia
social, además de estar mediada por la
adquisición de habilidades sociales, está
relacionada con la ansiedad social y las autopercepciones
(Bandura, 1986; citado en Blonk, 1996). El desempeño
inadecuado, los sentimientos de inseguridad y
las autopercepciones negativas impiden conseguir
competencia en ámbitos relevantes para
los niños (Rubin, 1985; citado en Blonk,
1996). Sin embargo, sólo unos pocos resultados
de estudios sobre entrenamiento en habilidades
sociales han examinado el papel de las autopercepciones
negativas en la incompetencia social.
5. Tratamiento psicofarmacológico, del
cual en los últimos años se ha informado
de unos pocos estudios cuyos resultados han sido
decepcionantes: medicamentos antidepresivos y
ansiolíticos tales como el clonazepam,
la imipramina y la buspirona no han demostrado
beneficiar a los niños con fobia social
(Ambrosini, Bianchi, Rabinovich, & Elia, 1993;
Graee, Milner, Rizzotto, & Klein, 1994; Klein,
Koplewicz, & Kanner, 1992; citado en Kendall,
1997). Un estudio más reciente demostró
la eficacia de la fluoxetina en niños con
fobia social (Birmaher; et al., 1994; citado en
Kendall, 1997) pero este estudio no fue un ensayo
clínico aleatorio. Como consecuencia, la
eficacia de la farmacoterapia en niños
con fobia social parece aún incierta.
Basándose en estos resultados y atendiendo
a las dificultades concretas que presentan estos
niños, algunos autores (Kendall, 1997;
Bragado, 1994; Barrett, 1996; Rodríguez
Sacristán, 1995) proponen utilizar programas
terapeúticos que incluyan aquellos componentes
que han demostrado ser eficaces en los fóbicos
sociales adultos. Los enfoques fundamentales de
actuación recomendados son los siguientes:
Tratamiento cognitivo-conductual . Los objetivos
son reducir la influencia del pensamiento disfuncional,
incrementar la solución activa del problema
y construir una perspectiva de afrontamiento funcional,
apoyándose en experiencias conductuales
de implicación emocional (Kendall, 1997).
Específicamente el tratamiento se dirige
a: a) los aspectos cognitivos, es decir, a los
modelos de pensamiento problemáticos que
contribuyen al malestar ansioso. Se modifican
los pensamientos distorsionados asociados a las
situaciones que provocan la evitación y
se facilita en último término la
exposición; y b) los aspectos conductuales
relacionados con la evitación que mantiene
el malestar del niño. Se incluye principalmente
la técnica de exposición en vivo
y en imaginación para reducir la ansiedad
que genera la interacción social. Aunque
esta técnica es necesaria, puede resultar
insuficiente por sí sola debido a diversas
dificultades técnicas como la naturaleza
imprevista y el carácter de brevedad de
muchas interacciones sociales, lo cual puede impedir
que se mantenga la situación hasta que
se produzca el descondicionamiento tal y como
se exige en la exposición.
Entrenamiento en habilidades sociales en el que
se modifica ya de entrada la relación con
el terapeuta y después otras situaciones
sociales concretas y reales a través de
puestas en escenas con el sujeto (Rodríguez
Sacristán, 1995).
Michelson (1983) propone un minucioso entrenamiento
en habilidades sociales en la infancia que incluye
desde la enseñanza de habilidades básicas
(ejs. pedir favores, hacer cumplidos,...) hasta
otras más complejas (ejs. afrontar conflictos,
interacciones de grupo,...). En este procedimiento
de intervención se emplean técnicas
tales como el modelado y el moldeamiento, el ensayo
de conducta, las instrucciones, la retroalimentación
y el reforzamiento positivo, entre otras.
Terapia familiar en la que se incluye el entrenamiento
de los padres en estrategias para el manejo de
la ansiedad y la evitación del niño,
y el conseguir una actitud adecuada de la familia
hacia el niño o adolescente, ayudando asímismo
a que los padres traten los problemas de ansiedad
que ellos por sí mismo experimentan, y
la mejora de la resolución de problemas
familiares, además de trabajar junto con
el niño usando un programa cognitivo-conductual
(Barrett, 1996).
Tratamiento farmacológico el cual parece
estar indicado en las formas severas de fobia
social. Rodríguez Sacristán (1995)
indica el uso de los siguientes psicofármacos:
- las benzodiacepinas, que pueden ser útiles
para reducir el nivel de temor-ansiedad de la
fobia social, - el propanolol que se indica en
algunos sujetos, más si la participación
vegetativa es importante en el desarrollo de la
conducta de evitación fóbica; y
– en algunos casos puede ser eficaz la utilización
de antidepresivos tales como los tricíclicos,
la paroxetina o la fluoxetina.
Como pudimos observar anteriormente, las posibilidades
de investigación del trastorno y de su
tratamiento han sido escasas, existiendo poca
documentación al respecto. Sin embargo,
debido a la importancia que adquiere la intervención
de este trastorno en la infancia y la adolescencia
, dado su curso y los datos de prevalencia, creímos
que podía ser útil revisar qué
investigaciones se han venido realizando en los
últimos años al respecto y sus resultados;
ya que esta información puede proporcionarnos
a los clínicos importantes guías
prácticas y de investigación.
2. Objetivo
Este artículo tiene como objetivo realizar
una revisión crítica de la investigación
llevada a cabo en los años 1996, 1997 y
1998 sobre la eficacia de los distintos enfoques
de tratamiento aplicados en niños y adolescentes
diagnosticados de fobia social y mutismo selectivo,
el cual ha sido considerado como un síntoma
de ansiedad social.
Más específicamente, los objetivos
concretos planteados en esta revisión son
los siguientes:
Revisar el número, tipo de estudios y características
de las muestras de las revisadas publicaciones
llevadas a cabo sobre el tratamiento de la fobia
social en niños y los adolescentes.
Revisar los tratamientos propuestos en estas publicaciones
y la eficacia de los distintos enfoques de tratamiento
sobre el estado diagnóstico de la fobia
social en la población infantil y adolescente.
Revisar la eficacia terapeútica de los
componentes específicos de los tratamientos
tales como: la terapia cognitiva, la exposición
en vivo y en imaginación, la terapia farmacológica,
el entrenamiento en habilidades sociales, la terapia
familiar, el uso de manuales de autoayuda, la
terapia grupal vs. terapia individual, la desensibilización
sistemática, y los tratamientos combinados
como la terapia cognitivo-conductual con o sin
implicación familiar y con o sin inclusión
de tratamiento farmacológico.
Examinar cuáles son los problemas metodológicos
planteados en los diversos estudios revisados.
3. Método
Fuente de datos: Se han utilizado las bases de
datos PSYCLIT y MEDLINE en CD-ROM (años
1996, 1997, 1998).
Revistas empleadas:
Journal of the American Academy of Child and
Adolescent Psychiatry / Journal of Consulting
and Clinical Psychology / The Journal of Nervous
and Mental Disease / Journal of Clinical Child
Psychiatry /Canadian Journal of Psychiatry /Psychology
in the Schools / Journal of Child and Adolescent
Psychopharmacology /Journal of School Psychology
/ Annual Progress in Child Psychiatry and Child
Development / Psychotherapy /
Criterios de inclusión y exclusión:
Criterios de inclusión:
. Artículos publicados en lengua inglesa
o castellana
. Limitación de fechas de las publicaciones:
años 1996, 1997 y 1998
. Rango de edad de los sujetos: 5 a 18 años
. Todo tipo de estudios
. Accesibilidad de la revista o abstract
b) Criterios de exclusión:
. Informes de casos tratados mediante intervención
psicoanalítica
. Artículos publicados anteriormente
a las fechas indicadas
4. Resultados
Se revisaron un total de 14 publicaciones (7 sobre
el tratamiento de la fobia social y 7 sobre el
tratamiento del mutismo selectivo), con un total
de sujetos de 415 (387 en las publicaciones sobre
fobia social y 28 en aquellas de mutismo selectivo)
y con un rango de edad de 7 a 18.2 años
para la fobia social y de 5 a 14 años para
el mutismo selectivo.
Los estudios revisados sobre el tratamiento de
la fobia social proponen distintos enfoques de
tratamiento: 1 artículo evalúa la
eficacia de un programa cognitivo-conductual de
entrenamiento en habilidades sociales (Blonk,
1996); 1 publicación plantea la indicación
del tratamiento farmacológico con fluoxetina
(Fairbanks, 1997); 2 estudios evalúan la
eficacia diferencial de un programa de tratamiento
cognitivo-conductual por sí solo o junto
con terapia familiar (Barrett; 1996, 1998); 2
estudios evalúan la eficacia de un tratamiento
cognitivo-conductual con implicación familiar
(Kendall; 1996, 1997); y 1 publicación
discute la aplicación de la técnica
de realidad virtual (Glantz, 1996).
4.1 Descripción de los enfoques
de intervención propuestos para la fobia
social
A continuación se presentan las descripciones
de los diferentes enfoques de tratamiento propuestos
en las publicaciones revisadas:
Administración farmacológica
de fluoxetina
Fairbanks, JM; et al. (1997) examina la eficacia
de la monoterapia con un antidepresivo (fluoxetina)
en una muestra de 16 niños y adolescentes
con trastornos mixtos de ansiedad y que no habían
respondido bien a la psicoterapia, y de los cuales
10 tenían fobia social. La dosificación
se incrementó gradualmente de 5-10 mg durante
una media de 5 semanas: hasta que se produjo la
mejora, o hasta un máximo de 40 mg en los
niños menores de 12 años (dosis
media: 24 mg al día); y de 80 mg en los
adolescentes (dosis media: 40 mg al día).
Simulación social mediante realidad
virtual:
Glantz, Kelman; et al. (1996) plantea la posibilidad
de simular la interacción social humana
mediante realidad virtual con el fin de ayudar
en el tratamiento de la fobia social.
C) Tratamiento cognitivo-conductual de
entrenamiento en habilidades sociales:
Blonk, R.WB; et al. (1996) evalúa la eficacia
de un tratamiento cognitivo-conductual de entrenamiento
en habilidades sociales grupal (n=6) y basado
en la noción de autoeficacia de Bandura
(1996). El programa se llevó a cabo en
una muestra de 102 niños que presentaban
problemas de relaciones con los iguales o incompetencia
social, de los cuales 30 fueron asignados aleatoriamente
a un grupo control de lista de espera.
El tratamiento se diseñó para mejorar
la autoeficacia social de los niños mediante
el entrenamiento en habilidades sociales y de
solución de problemas interpersonales,
y a través de la reestructuración
de las cogniciones sociales.
Las técnicas que se incluyeron fueron:
modelado, ensayo conductual, instrucciones, discusión
grupal, retroalimentación, reforzamiento
mediante fichas, y reforzamiento grupal por la
realización de las tareas asignadas para
casa. Las 20 sesiones se organizaron en 3 fases:
de construcción, media y de consolidación,
durante las cuales se va incrementando el nivel
de dificultad de las habilidades sociales aprendidas.
Por último, se mantuvieron reuniones con
los padres para educarles sobre el problema de
su hijo, informarles del progreso del mismo y
aumentar su motivación.
D) Tratamiento cognitivo-conductual con
implicación familiar
Kendall (1996, 1997) y Barrett (1996,1998; adaptación
australiana del programa de Kendall, 1990) evalúan
la efectividad de un tratamiento psicosocial cognitivo-conductual
individual y su mantenimiento en la reducción
del estado diagnóstico en jóvenes
con trastornos de ansiedad.
La terapia se dirigió a: a) el reconocimiento
de sensaciones ansiosas y reacciones somáticas
a la ansiedad, b) clarificar los pensamientos
ansiosos ante las situaciones que provocan ansiedad
(p.ej. expectativas negativas o no realistas),
c) desarrollar un plan de afrontamiento (modificar
las autoverbalizaciones ansiosas en autoverbalizaciones
de afrontamiento y determinar qué acciones
de afrontamiento podrían ser efectivas),
y d) entrenamiento en autoevaluación de
la realización y administración
de autorefuerzo apropiado.
Emplea las siguientes estrategias de entrenamiento
conductual: modelado, exposición en imaginación
y en vivo, role play, entrenamiento en relajación
(tanto relajación muscular progresiva como
visualización), y reforzamiento contingente
(autorefuerzo y refuerzo social).
La implicación familiar consiste en los
contactos de los terapeutas con los padres para
establecer la evaluación y los objetivos
del tratamiento, compartir impresiones y estimular
la colaboración paterna.
Terapia cognitivo-conductual con entrenamiento
familiar
Barrett (1996, 1998) evalúa la eficacia
de un programa cognitivo-conductual (adaptación
del programa de Kendall, 1990)con intervención
de los padres llevado a cabo junto con el entrenamiento
de padres en manejo de la ansiedad en un formato
grupal.
El programa consiste en el entrenamiento de los
padres, mediante un formato grupal, en estrategias
de manejo de la ansiedad y conductas de evitación
del niño, ayudarles a tratar sus propios
problemas de ansiedad, el entrenamiento en la
resolución de problemas familiares además
de trabajar junto con el niño en el programa
cognitivo conductual.
Se siguen los 3 contenidos específicos
siguientes:
- 1º: Entrenamiento en estrategias de
manejo de contingencias: entrenar a los padres
a premiar las conductas de valentía y
a extinguir la ansiedad excesiva del niño,
a reforzar mediante alabanzas verbales, privilegios
y premios tangibles contingentes al afrontamiento
de las situaciones temidas, extinción
de quejas excesivas ignorándolas y únicamente
guiando las estrategias de afrontamiento. El
entrenamiento se llevó a cabo mediante
role play con ejemplos de las conductas temerosas
de sus niños en el grupo.
- 2º: Entrenar a los padres en el manejo
de sus propios problemas emocionales, concienciarse
de sus propias respuestas de ansiedad en situaciones
estresantes, en el modelo de resolución
de problemas y de respuestas activas a las situaciones
temidas.
- 3º: Entrenamiento a los padres en estrategias
de comunicación y resolución de
problemas en la pareja para aumentar la capacidad
de trabajar como un equipo en la solución
de los futuros problemas y en el mantenimiento
de las ganancias terapeúticas una vez
que la terapia haya terminado. Este entrenamiento
incluye: a) entrenamiento en estrategias para
reducir conflictos sobre aspectos de la crianza
del niño y mantener un acuerdo y consistencia
en el manejo de las conductas temerosas del
niño; b) entrenamiento en estrategias
de escucha para las discusiones diarias; y c)
entrenamiento en resolución de problemas
familiares y de trato hacia el niño.
Las elementos empleados en el formato grupal fueron:
normalización de las experiencias de ansiedad,
exposición grupal a través de la
discusión y role play de las experiencias
amenazantes comunes, aprendizaje del compañero
y apoyo entre los padres a través de la
discusión de las dificultades y las estrategias
efectivas de solución de problemas, modelado
de su compañero de las conductas de acercamiento
a los estímulos temidos, y role play entre
los padres de procedimientos de reforzamiento
de las conductas de afrontamiento de sus hijos.
4.1.1 Eficacia de los enfoques de intervención
propuestos
Administración farmacológica de
fluoxetina
Los resultados observados muestran mejora clínica
de 8 de los 10 pacientes diagnosticados de fobia
social. Estos resultados se obtuvieron mediante
la Clinical Global Impression Scale.
Un gran porcentaje de sujetos mostraron síntomas
secundarios tales como: somnoliencia, reducción
del apetito, problemas para dormir, nausea y dolor
abdominal.
B) Simulación social mediante realidad
virtual
Este estudio no ofrece resultados sobre la eficacia
de la técnica.
Tratamiento cognitivo-conductual de entrenamiento
en habilidades sociales
Los resultados muestran mejoría de los
niños en la conducta social y en las relaciones
con los iguales y mantenimiento de estos resultados
a los 4-5 meses de seguimiento.
- En cuanto a la evaluación de la
conducta social de los niños, se observaron
diferencias significativas entre el pretratamiento
y el postratamiento entre el grupo control y
el grupo de tratamiento. Los informes de los
padres y el profesor mediante la Child Assertive
Behavior Scale (CABS) mostraron mejora del comportamiento
asertivo en los niños del grupo de tratamiento
con respecto a los del grupo control. Estos
resultados se mantuvieron en el seguimiento,
donde los padres informaban de incluso mayor
incremento de la conducta asertiva.
- Las medidas de ansiedad social mediante
el Social Anxiety Scale for Children (SAS-C)
no mostraron diferencias significativas entre
el pretratamiento y el postratamiento y entre
los grupos. Sin embargo, sí se observó
una disminución significativa entre las
medidas postratamiento y seguimiento en el grupo
de tratamiento.
- La percepción del niño de
sí mismo medida mediante Negative Self-Evaluation
Scale (NSES) mejoró significativamente
entre el pretratamiento y el postratamiento
en los dos grupos. Las medidas postratamiento
y seguimiento del grupo de tratamiento muestran
de nuevo una reducción significativa
de la autoevaluación negativa.
-Con respecto a las relaciones con los iguales,
los resultados obtenidos en las dos puntuaciones
(aceptación general y el número
de preferencias recíprocas) del Sociometric
Rating Scale muestran diferencias significativas
pre y postratamiento entre el grupo control y
el grupo de tratamiento, en el cual se observó
una mejora de la aceptación por los iguales
y un incremento en el número de preferencias
recíprocas mientras que éstas se
redujeron significativamente para el grupo control.
Los resultados para el grupo de tratamiento se
mantuvieron en el seguimiento.
Tratamiento cognitivo-conductual con implicación
familiar
Los resultados de los diversos estudios muestran
que, tras el tratamiento, aumenta significativamente
el número de sujetos que no mantienen el
estado diagnóstico de ansiedad inicial
del pretratamiento medidos por el Anxiety Disorder
Interview Schedule for Children (ADIS-C) y el
ADIS-P para padres: el 57.1 % en comparación
con el 26% del grupo control en el estudio de
Barrett (1996), alrededor del 50% en comparación
con el 5.8% del grupo control en el estudio de
Kendall (1997), y el 55.9% en comparación
con el 26.2% del grupo control en el estudio de
Barrett (1998). Estos estudios no aportan datos
postratamiento sobre los resultados obtenidos
por los sujetos diagnosticados de los diferentes
trastornos de ansiedad que recogen: trastorno
de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad
de separación y fobia social.
Las medidas de seguimiento al año muestran
mejoras significativas en el estado diagnóstico
de los sujetos: el 70.3% no cumplían los
criterios diagnósticos de los trastornos
de ansiedad en el estudio de Barrett (1996), el
64.5% en Barrett (1998) y se mantuvieron en el
estudio de Kendall (1997).
El seguimiento a largo plazo estudiado por Kendall
(1996) con un intervalo de 2 a 5 años muestra
que las ganancias del tratamiento previo se mantenían
en el seguimiento a largo plazo. El porcentaje
de sujetos que no cumplían los criterios
diagnósticos para la fobia social al año
de seguimiento (100%) no se diferenció
significativamente en el seguimiento a largo plazo
(87%).
E) Tratamiento cognitivo-conductual con
entrenamiento familiar
Los resultados de los estudios de Barrett (1996,
1998) muestran que, tras el tratamiento cognitivo-conductual
familiar aumentó el número de sujetos
que no cumplían los criterios diagnósticos
para los trastornos de ansiedad recogidos en el
estudio (trastorno de ansiedad generalizada, trastorno
de ansiedad de separación y fobia social)con
respecto al grupo control y el grupo que recibía
solamente terapia cognitivo-conductual. Estas
diferencias fueron significativas en el estudio
de Barrett (1996) en el que el 84% (21 de los
25 niños) del grupo de terapia familiar
cognitivo-conductual no cumplían los criterios
diagnósticos de los trastornos de ansiedad,
el 57% (16 de los 28 niños) en el grupo
de terapia cognitivo-conductual solamente, y el
26% (6 de los 23 niños) del grupo control.
En el estudio de Barrett (1998) se encontraron
diferencias significativas entre el grupo de terapia
familiar cognitivo-conducual (70.7%) libres de
diagnóstico)con respecto al grupo control
(25.2%), pero no con respecto al grupo que recibía
únicamente terapia cognitivo-conductual
(55.9%).
Los resultados al año de seguimiento muestran
diferencias significativas en el estudio de Barrett
(1996) entre el grupo de tratamiento familiar
cognitivo-conductual (95.6% de los sujetos libres
de diagnóstico) y el grupo de sólo
terapia cognitivo-conductual (70.3%). Sin embargo,
estas diferencias se dan pero no de forma significativa
en la investigación de Barrett (1998) en
el que el porcentaje de sujetos libres de diagnóstico
del grupo de terapia familiar cognitivo-conductual
fue del 84.8%, mientras que en el grupo de sólo
terapia cognitivo-conductual fue del 64.5%.
Tan sólo el estudio de Barrett (1996) aporta
datos específicos de los sujetos libres
del diagnóstico de fobia social en el pretratamiento
(61.5%) con 19 sujetos diagnosticados, cuyo número
mejoró pero no significativamente a los
12 meses de seguimiento (76.9 %) con 11 sujetos
diagnosticados. Sin embargo, estos datos se refieren
a los dos grupos de tratamiento: cognitivo-conductual
y familiar cognitivo-conductual sin especificar
los resultados obtenidos para cada grupo de intervención.
Por último, cabe destacar que en el estudio
de Barrett (1996) se observó una interacción
entre la edad y el sexo de los jóvenes
y la condición de tratamiento, ya que los
niños más jóvenes (7 a 10
años) y las participantes femeninas respondieron
mejor a la condición de tratamiento familiar
cognitivo-conductual.
Aquellos componentes activos de tratamiento que
se han evaluado en las publicaciones revisadas
para la fobia social son:
A) Segmento educativo-cognitivo vs. segmento
educativo-cognitivo más exposición
Kendall (1997) hace un análisis preliminar
de la influencia de los 2 segmentos de tratamiento
que incluye en su programa: cognitivo-educativo
y de exposición (o de práctica de
habilidades aprendidas). En este estudio se compararon
las medidas obtenidas por el grupo control a las
8 semanas de lista de espera con las obtenidas
por el grupo de tratamiento que había recibido
el primer segmento de 8 semanas (cognitivo-educativo)
de la intervención. Los resultados medidos
mediante los informes de los padres y del niño
no mostraron diferencias significativas en el
tiempo y entre los dos grupos. El segundo segmento
del tratamiento (exposición) añadido
al primero (cognitivo-educativo), se evaluó
mediante la comparación entre las medidas
de la mitad del tratamiento y las del postratamiento.
Los resultados obtenidos muestran diferencias
significativas con respecto a la intervención
únicamente mediante el primer segmento.
Formato grupal
En el programa de tratamiento de Barrett (1998)
se llevaron a cabo las intervenciones mediante
formato grupal. Los resultados muestran que este
formato es tan efectivo como las intervenciones
individuales (colaboración de los padres
con los hijos) que se llevaron a cabo en el estudio
de Barrett (1996), tanto para las medidas postratamiento
como a los 12 meses de seguimiento.
Los resultados observados en el estudio de Barrett
(1998) entre el grupo de tratamiento familiar
cognitivo-conductual y el grupo de sólo
terapia cognitivo-conductual muestran mejoras
significativas en la mayoría de las escalas
de evaluación clínica a los 12 meses
de seguimiento en el primer grupo (donde tuvo
lugar el entrenamiento de los padres en reuniones
de grupo de familias y colaboración entre
los padres y los hijos), en comparación
con el segundo grupo en el que los niños
eran los únicos que se incluyeron en el
tratamiento.
Implicación familiar
Kendall (1997) evalúa la implicación
familiar en el tratamiento mediante valoraciones
del terapeuta de: el contacto paterno, la interferencia
o intromisión paterna y la implicación
beneficiosa. Los resultados obtenidos muestran
que no hubo diferencias significativas en cuanto
a la cantidad de contacto paterno y las ganancias
observadas y su mantenimiento. Esto mismo se observó
para las valoraciones de la implicación
beneficiosa de los padres.
D) Componentes de tratamiento destacados
por los sujetos
Kendall (1996) evalúa a largo plazo la
relación entre los componentes o factores
de la intervención percibidos por los sujetos
como más importantes y los factores teóricos,
y los resultados obtenidos por éstos. El
análisis muestra que el recuerdo por los
sujetos de los componentes referidos a la relación
terapeútica (hablar con alguien de los
problemas), los juegos y actividades, y en mayor
grado los factores teóricos (ejercicios
de relajación, exposiciones en vivo, los
pasos de afrontamiento a los miedos) estaban relacionados
con efectos positivos del tratamiento a largo
plazo.
5. Discusión y conclusiones
Los resultados encontrados por los diferentes
estudios publicados pueden llevarnos a concluir
lo siguiente:
1. La terapia cognitivo-conductual de entrenamiento
en habilidades sociales tiene una eficacia moderada
en niños con problemas de relaciones con
los iguales. Se ha observado que la intervención
incrementa el comportamiento asertivo, la aceptación
por el grupo de iguales y el número de
amistades cercanas. Esto último tiene gran
importancia ya que las amistades de los niños
y sus relaciones con su grupo de iguales van a
permitir a su vez el desarrollo de comportamientos
sociales adecuados y el ajuste social, mientras
que la aceptación por el grupo depende
no sólo de las habilidades sociales sino
también de factores tales como la reputación
del niño, las características del
grupo y las actitudes de los profesores. Por ello,
parece ser que el número de amistades es
un indicador más válido de cambio
que el incremento en la aceptación por
el grupo de iguales y que los programas de intervención
deberían dirigirse más al entrenamiento
de las habilidades necesarias para desarrollar
y mantener amistades y así aumentar su
eficacia.
Por otra parte, parece que la intervención
tiene un efecto a largo plazo de reducción
de la ansiedad social y de la autoevaluación
negativa. Este efecto es especialmente destacable
ya que la incompetencia social no sólo
está mediada por la adquisición
de las habilidades sociales, sino que los factores
cognitivos (especialmente las expectativas de
autoeficacia) intervienen en los cambios conductuales
dada la adquisición de las habilidades
necesarias (Bandura, 1978; citado en Blonk, 1996).
Sin embargo, aún no se posee una conclusión
clara sobre el papel mediador que juega el pensamiento,
y especialmente las expectativas de autoeficacia,
en el cambio conductual (Blonk, 1996). Por todo
lo anterior, pensamos que es importante desarrollar
programas de entrenamiento en habilidades sociales
cuyo objetivo, además de la adquisición
de las habilidades sea el de incrementar la autoeficacia
social de los niños y determinar su efecto
sobre el cambio conductual que, según Bandura
(1989; citado en Blonk, 1996) tendría como
consecuencia el mantenimiento en el tiempo de
las nuevas habilidades adquiridas.
Por último, aunque se ha demostrado que
el entrenamiento en habilidades sociales es útil
cuando se trata con muestras clínicas,
los efectos son moderados. Por ello, parece ser
que no es una alternativa de tratamiento suficiente
para todos los niños y que se necesita
comparar su eficacia con respecto a otro tipo
de intervenciones y de forma conjunta con éstas.
3. Debido a la naturaleza no controlada de los
ensayos farmacológicos y al reducido número
de sujetos que incluyen, no se puede concluir
que la medicación es responsable de la
reducción de la sintomatología clínica
observada en los diferentes estudios sobre la
administración de un antidepresivo (fluoxetina)
como tratamiento de la fobia social, y la administración
de fluoxetina y fluvoxamina para el mutismo selectivo.
A su vez, el emplear dosificaciones variadas en
los distintos sujetos impide valorar de forma
fiable los niveles de medicación que parecen
ser efectivos.
Por otro lado, a pesar de que en muchas ocasiones
se requiere que los sujetos no hayan mostrado
mejoras tras una intervención psicoterapeútica
previa para valorar la indicación del tratamiento
farmacológico, se exige que los resultados
de estas sean altamente eficaces en la mitad de
tiempo que se propone para el tratamiento farmacológico
(Dummit, 1996) en el cual, en escasas ocasiones
se produce una remisión completa del trastorno.
Por ello, creemos que se necesita investigación
dirigida a evaluar la eficacia comparada entre
el tratamiento farmacológico y otro tipo
de intervenciones con el mismo tiempo de duración
de la fase de tratamiento y de seguimiento, así
como evaluar el aporte de la intervención
farmacológica a los otros tipos de tratamiento,
y en qué casos concretos y qué niveles
de medicación sería indicada. Por
último, cabe plantear como inconveniente
de este tipo de intervención el desarrollo
de molestos síntomas secundarios que, en
el caso de los niños, aún plantea
mayor discusión al respecto.
4. A pesar de que resulta altamente interesante
la aplicación de la simulación de
la interacción social humana mediante realidad
virtual, como apoyo a la técnica de exposición
en el tratamiento de la fobia social, no se poseen
todavía datos sobre la eficacia que puede
tener esta técnica. Es necesario investigar
su utilidad con muestras clínicas para
que se puedan extraer conclusiones al respecto.
5. La terapia cognitivo-conductual (cognitivo-educativa
y exposición) es un procedimiento efectivo
para la reducción del estado diagnóstico
de los trastornos de ansiedad y en concreto, para
la fobia social en jóvenes. Por otra parte,
las ganancias observadas se mantienen al año
de seguimiento y a largo plazo (Kendall, 1996).
Esto apoya la efectividad de la aproximación
a las estrategias de afrontamiento que combina
técnicas de autoinstrucciones con técnicas
conductuales como: la exposición en vivo
y en imaginación, la relajación
y el refuerzo contingente.
Este efecto del procedimiento adquiere especial
relevancia ya que, dado el curso crónico
de la fobia social en la infancia, esta intervención
puede ser considerada como un tratamiento de prevención
de ansiedad y malestar futuros y de ajuste social
en la vida de las personas, ya que, el objetivo
fundamental perseguido por la intervención
consiste en la generalización del uso de
las habilidades adquiridas para manejar la ansiedad
en diferentes contextos y situaciones futuras.
Por esta evolución crónica de los
trastornos de ansiedad en la infancia, puesta
de relieve en los estudios epidemiológicos
longitudinales (Gittelman, 1986; Last, 1988; citado
en Kendall, 1996); se puede concluir que los resultados
obtenidos no se deben al efecto de la maduración
y a las trayectorias típicas del desarrollo,
sino que parecen ser debidos al efecto de la intervención
previa.
6. La implicación de los padres valorada
como: cantidad de contacto, interferencia o implicación
beneficiosa (Kendall,1997), no parece ser un factor
influyente en la efectividad de la intervención
cognitivo-conductual de la fobia social en los
jóvenes ya que se ha observado que las
diferencias de la implicación paterna no
está relacionada con los diferentes resultados
obtenidos.
7. La terapia familiar cognitivo-conductual es
un tratamiento efectivo para reducir el estado
diagnóstico de los trastornos de ansiedad
en jóvenes y, entre estos, la fobia social.
Estas ganancias se mantienen o incluso mejoran
al año de seguimiento.
En comparación con la terapia cognitivo-conductual
solamente, la terapia familiar cognitivo-conductual
produce mayores beneficios, por lo que parece
ser que el entrenamiento grupal de los padres
aumenta el mantenimiento y la generalización
de las ganancias terapeúticas.
Ya que los resultados obtenidos podrían
ser debidos a diversos factores, podría
ser muy útil estudiar la influencia de
los distintos componentes del entrenamiento grupal
de los padres en la eficacia del procedimiento,
así como las respuestas a estos de familias
de diferentes características tales como:
niveles de ansiedad paternos, depresión
y ajuste psicosocial y matrimonial y otras características
psicosociales.
8. El primer segmento educativo-cognitivo del
tratamiento cognitivo-conductual de la fobia social
en jóvenes no es suficiente por sí
solo para producir cambios significativos (Kendall,
1997). Este segmento es necesario para poder llevar
a cabo y facilitar los cambios durante el segundo
segmento de exposición o de práctica
de las habilidades aprendidas, el cual es un factor
fundamental de la eficacia de la intervención.
A pesar de este análisis preliminar, sería
necesario e interesante evaluar las contribuciones
relativas de los componentes cognitivos y conductuales
específicos de la terapia en niños
diagnosticados con fobia social. Sin embargo,
la existencia de múltiples componentes
del tratamiento dentro del enfoque cognitivo (cambiar
autoverbalizaciones negativas por positivas, desarrollo
de expectativas de afrontamiento,...) y dentro
del enfoque conductual (relajación, exposición
en imaginación y en vivo,...), dificulta
esta determinación de los componentes específicos
activos del tratamiento. Por ello, se necesitarían
múltiples análisis comparativos
de los distintos componentes.
9. La intervención mediante formato grupal
parece ser efectiva para el tratamiento de los
jóvenes con trastornos de ansiedad. Sin
embargo, se necesita investigación que
compare la aplicación de los mismos procedimientos
de intervención bajo formato individual
o grupal, y conjuntamente.
10. El hecho de que los niños más
pequeños (7-10 años) y las chicas
responden mejor a la intervención familiar
de la fobia social que los niños mayores
(11-14 años) y los chicos (Barrett, 1996),
plantea la necesidad de dirigir la investigación
hacia la eficacia de los diferentes procedimientos
de intervención en diferentes grupos de
edad y sexo. Ya que los niños de 7 a 13
años y los adolescentes varían considerablemente
en su desarrollo social, cognitivo y físico,
se deben tener en cuenta estas variables del desarrollo
a la hora de diseñar programas de intervención
para diferentes grupos de edad.
11. Parece ser que la relación terapeútica
positiva entre el niño y el terapeuta juega
un papel importante en la eficacia de las intervenciones.
12. Se necesita investigar la eficacia de las
diferentes intervenciones propuestas para la fobia
social en muestras clínicas jóvenes
con un número suficiente de sujetos como
para poder extraer conclusiones específicas
relativas al tratamiento de la fobia social infantil,
así como medidas de seguimiento a largo
plazo.
6. Propuesta de un programa de tratamiento
Considerando los resultados y conclusiones que
se han extraído de la presente revisión,
y aquellos que han sido aportados sobre el tratamiento
de sujetos adultos con fobia social, proponemos
a continuación un modelo de abordaje terapeútico
de la fobia social infantil el cual hemos dividido
en 3 fases:
1ª Fase: Evaluación
El objetivo en esta fase será establecer
un análisis funcional y una formulación
del caso. Con ello, podremos conocer las características
concretas de la fobia del sujeto en cuestión
lo cual, nos va a permitir plantear objetivos
específicos de intervención y un
plan de tratamiento en función de las dificultades
concretas que presente el niño.
Serán objeto de nuestra evaluación:
- La historia del desarrollo infantil
- La competencia social
- Las habilidades sociales
- Los niveles de ansiedad social y evitación
y ante qué situaciones
- La autoevaluación negativa con respecto
al desempeño social, fundamentalmente
las expectativas de autoeficacia
- Cumplimiento de los criterios requeridos
para el diagnóstico de fobia social según
el DSM-IV (APA, 1994)
- Presencia de otras alteraciones de ansiedad,
depresión,...
- Desempeño en otros ámbitos
vitales, y especialmente explorar el rendimiento
académico
- Funcionamiento y estilo familiar
Esta evaluación inicial se llevaría
a cabo mediante entrevistas semiestructuradas
con el niño y los padres, autoinformes,
informes de los padres, profesores y el grupo
de iguales, observación conductual y tareas
experimentales.
2º Fase: Educativa-Cognitiva
El primer objetivo de esta fase es que el niño
adquiera las habilidades sociales (cuando se haya
observado un déficit en la evaluación
inicial) y las estrategias de afrontamiento necesarias
para hacer frente a las situaciones temidas. El
segundo objetivo consistiría en el entrenamiento
de los padres en estrategias de manejo de contingencias
y de resolución de problemas personales
y familiares.
Siempre que fuera posible aunar a niños
con dificultades parecidas se llevaría
a cabo esta fase mediante formato grupal entre
iguales. En el caso de que las características
de los problemas de los diversos niños
fueran diferentes, se optaría por llevar
a cabo la intervención mediante formato
individual.
El plan de sesiones estaría dividido en
dos momentos. El primero de ellos se llevaría
a cabo en formato grupal entre iguales y el segundo
en formato grupal solamente de padres. Es destacable
la importancia del establecimiento de un buen
rapport inicial entre el niño y el terapeuta.
· 1er momento: El plan de intervención
se dirigiría a la adquisición de
habilidades de afrontamiento y a la puesta en
marcha de los siguientes procedimientos de forma
secuencial:
Reconocimiento diferencial de las sensaciones
ansiosas y no ansiosas y los pensamientos asociados
Establecimiento de jerarquías de situaciones
temidas
Entrenamiento en relajación
Entrenamiento en estrategias de afrontamiento
(modificación de autoverbalizaciones negativas
en autoverbalizaciones de afrontamiento o técnica
de autoinstrucciones; y establecer las acciones
de afrontamiento que pudieran ser efectivas mediante
resolución de problemas). Este entrenamiento
debe ir dirigido a mejorar las expectativas de
autoeficacia del niño.
Entrenamiento en habilidades sociales mediante
modelado.
Entrenamiento en autoevaluación y autorefuerzo
contingente.
· 2º momento: El plan de intervención
consistiría en el entrenamiento de los
padres en estrategias de manejo de contingencias
y resolución de problemas mediante la puesta
en marcha de los siguientes procedimientos:
Desarrollar una actitud por parte de los padres
de acercamiento y comprensión del problema
ansioso de su hijo a través de la normalización
de los problemas de ansiedad, y de respeto por
las opiniones y experiencias de éste. A
su vez, se persigue la consecución de apoyo
entre los padres a través de la discusión
de las dificultades.
Entrenamiento en estrategias de manejo de contingencias:
de reforzamiento mediante el refuerzo verbal,
privilegios y premios tangibles contingentes a
las respuestas de afrontamiento del niño;
y extinción de la conducta ansiosa y de
evitación de éste. Se emplearían
elementos técnicos tales como: modelado
y ensayo de conducta
Entrenamiento de los padres en el manejo de sus
propios problemas emocionales y de ansiedad mediante
resolución de problemas y respuestas de
afrontamiento a las situaciones temidas.
Entrenamiento de los padres en estrategias de
comunicación y resolución de problemas
matrimoniales y familiares, y relacionados con
el trato hacia el niño.
3ª Fase: Práctica-Exposición
El objetivo de esta fase es la práctica
de las habilidades aprendidas por los padres y
el niño, y la exposición gradual
y regular a aquellas situaciones sociales temidas
y evitadas inicialmente por el segundo. Se persigue
interrumpir la cadena de evitación, así
como hacer frente a los componentes psicofisiológicos
y cognitivos de la ansiedad social.
Esta fase se llevaría a cabo mediante un
formato grupal compuesto por los padres y los
niños lo cual permitiría, además
de estructurar la gradual exposición de
los jóvenes, estructurar la implicación
de los padres y el poder trabajar directamente
con las respuestas paternas problemáticas
a la experimentación de la ansiedad del
niño.
El plan de intervención seguiría
secuencialmente los siguientes procedimientos:
Práctica de las habilidades aprendidas
primero en imaginación y posteriormente
exposición en vivo ante situaciones no
estresantes para el niño (primeros ítems
de la jerarquía de situaciones temidas)
y mediante técnicas de modelado y ensayo
de conducta.
Exposición gradual en imaginación
y en vivo ante situaciones provocadoras de ansiedad.
Se emplean técnicas de reforzamiento y
ensayo de conducta y tareas para casa con estructuración
de la implicación de los miembros familiares.
Exposición ante situaciones altamente estresantes
para el niño. Se asignan tareas para casa
con estructuración de la implicación
de los miembros familiares.
Preparación por los niños de una
grabación en audio en la que informen a
otro niño de cómo afrontar las situaciones
temidas haciendo referencia a las estrategias
aprendidas por ellos. Es recomendable que esta
grabación se haga bajo un formato musical
(canción) o poema.
Revisión de las estrategias aprendidas
por los niños y los padres y estimular
su puesta en marcha en la vida diaria. Se asigna
al niño como tarea para casa el escuchar
el afrontamiento grabado por él mismo.
Es importante señalar que el programa de
tratamiento propuesto por los autores constituye
sólo una propuesta y que de su aplicación
y uso se podrán sacar futuras conclusiones.
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