"Existieron
tiempos históricos en que la inmediata
ganancia económica no era el valor más
alto en la vida humana. Entonces la humanidad
reconocía que hay misterios que nunca podría
entender, ante los cuales sólo cabía
permanecer en humilde admiración... hacía
aquello que por su mera existencia silenciosa
parece prohibir a la humanidad tratar el mundo
como una fuente sin término de ganancia
a corto y que llama a la solidaridad a todos los
que habitan bajo su misteriosa bóveda..."
Vaclav Havel, Presidente de la República
Checa en la Asamblea anual de FMI y Banco Mundial.
La definición de estrés habla de
un "comportamiento heredado y adaptativo
que implica una activación neuroendocrina
y emocional frente a un estímulo percibido
como amenazante y excesivo en relación
a los recursos que la persona percibe o piensa
que tiene para enfrentarlo y mantener su integridad
y bienestar".
No es necesario que la amenaza sea sobre la persona,
sino también puede referirse a la familia,
red de personas afectivamente importantes, una
comunidad o lo que se determine como importante
de forma vital.
Es un comportamiento heredado y adaptativo ya
que es parte de los mecanismos generales de adaptación
con base biológica presente en todos los
seres humanos desde que la persona nace, comprometiendo
respuestas cerebrales del sistema límbico-emocional,
como son el hipotálamo y la amígdala
a cargo de la coordinación y memoria emocional
y consciente, el lóbulo frontal que regula
las respuestas emocionales y coordina la planificación
de acciones, la hipófisis que regula el
funcionamiento del sistema endocrinológico
principalmente de la tiroides y sus secreciones
adrenalina y glucocorticoides, el sistema nervioso
autónomo que regula las funciones básicas
como son la presión, respiración
y frecuencia cardiaca, todo lo anterior conectando
con los ciclos vitales básicas como son
el sueño, el apetito, la sexualidad, y
por último el sistema inmunitario.
Todo este sistema cuando se activa se autocorrige
a través de mecanismos de feed-back localizados
espacialmente en el hipotálamo que va modulando
la respuesta frente a la perturbación.
En la medida que se prolonga el funcionamiento
durante el tiempo y/o aparece la sensación
de amenaza vital de bienestar cada vez más
poderosa, llega un momento en que los sistemas
reguladores se desacoplan y, por ejemplo, las
glándulas suprarrenales siguen secretando
corticoides y adrenalina sin control, destruyendo
los propios centros homeostáticos como
las neuronas de la propia hipófisis.
Respecto al mundo emocional, siempre va acompañado
de ansiedad, angustia y miedo, pudiendo aparecer
sentimientos depresivos en la medida que la situación
de estrés se mantenga.
Desde el punto de vista clínico psiquiátrico
estricto, hoy se reconoce el Estrés Post-traumático
(frente a una situación vital grave como
la muerte de un pariente), Estrés Agudo
y el trastorno de Adaptación con ansiedad
y/o depresión, todos cuadros mentales que
pueden llevar a un Cuadro Depresivo.
Hay que recordar que el centro del problema está
en que exista un daño o una perturbación
que sea considerada amenazante, como las catástrofes
naturales, las grandes pérdidas (cónyuge,
hijo, ruptura matrimonial, cesantía, jubilación...)
pero también hoy cobran especial importancia
los estresores intermedios o mínimos que
son situaciones de origen sociocultural que aparecen
en la medida en que un país, una sociedad
o una cultura se desarrolla y está sujeta
a cambios y transformaciones importantes y que
terminan por formar parte de la vida cotidiana.
Su reiteración puede traducirse en un estrés
crónico en la medida que la persona siente
que no puede enfrentarlo y se apremia y agobia
frente a los posibles daños que estos podrían
llegar a producirle.
Cada persona puede valorar de manera distinta
los estímulos o perturbaciones, considerando
algunos un desafío que lo estimula a ser
mejor y desarrollarse, lo que a otros les parece
una terrible amenaza, jugando un papel importante
en la valoración la autoestima, la tolerancia
a las frustraciones, la seguridad, el optimismo,
la creatividad y la sensación de seguridad
no sólo interna sino externa a través
de redes de apoyo efectivas, sociales y económicas,
entre otras.
A veces basta la suma de pequeños estresores
mínimos que se relaciona de manera sinérgica
prolongadamente para que se active el sistema
descrito anteriormente, preparando a la persona
para enfrenar y luchas o simplemente adaptarse
a huir, terminando por aparecer toda la sintomatología
que acompaña los cuadros descritos anteriormente:
hipervigilancia, insomnio, alteración del
apetito, alteración de la sexualidad, ansiedad,
angustia, dificultad para respirar, alteración
del tránsito intestinal, labilidad emocional,
cansancio, apatía, irritabilidad, alteración
de la memoria, desconcentración, incapacidad
para tomar decisiones, sentimientos depresivos
y una caída brusca de la resistencia inmunológica
frente a enfermedades infecciosas y/o cáncer.
Llevado todo esto al ámbito laboral y
su relación con la calidad de vida, no
cabe duda que la presencia de un estrés
no motivante (reconociendo que es necesario tener
un nivel de tensión mínima para
que una persona desarrolle al máximo sus
capacidades) es capaz de afectar drásticamente
el hacer personal y de la comunidad laboral, perturbando
el desarrollo personal, familiar y laboral.
Las condiciones de la calidad de vida laboral-familiar,
la presencia de un buen clima laboral, un nivel
de salud mental organizacional satisfactorio,
una buena presencia de programas de prevención
de riesgos, la mínima existencia de accidentes
y enfermedades profesionales, permiten minimizar
la existencia de estrés patológico
y el consumo de drogas ilegales y excesivo de
alcohol junto a la automedicación, elementos
profundamente interrelacionados.
Hoy se habla de nuevas causas de estrés
laboral emergentes, como serían una inseguridad
laboral creciente, lo que implica un riesgo permanente
y cortoplacismo exagerado (fin de la carrera funcionaría
y posible cambio de trabajo de 5 a 10 veces en
la vida laboral) que, por un lado, choca con los
proyectos de vida familiares a largo plazo, y
por otro, genera una dificultad para construir
lealtades y compromisos (apego débil),
socialización, solidaridad y especialmente
las confianzas.
Habría que agregar la necesidad de cambio
permanente, una sumisión extrema al poder
electrónico (la pantalla del computador
supliendo al contacto de persona a persona) y
la dificultad para darse un tiempo de quietud
frente a la velocidad de los sucesos técnicos,
económicos y culturales de hoy.
Mención especial tiene hoy la fragmentación
entre el mundo personal, familiar y laboral y
la desaparición del mundo espiritual y
cultural en el campo del trabajo, lo que trae
aparejado una creciente pérdida de sentido
y significado de la actividad laboral.
Finalmente, independiente de todas las estrategias
destinadas a la autorrelajación, entretención,
deporte y descanso, habría que hacer hincapié
en los siguientes factores para prevenir el estrés:
fomento de la autonomía responsable, crear
condiciones para dotar de sentido y significado
las decisiones cotidianas, estrategias para aumentar
el conocimiento de sí mismo, habituación
y aprendizaje frente a las dificultades, manejo
del tiempo y del tiempo libre, fomento de la comunicación
adecuado y personalizada, estrategias para mejorar
la autoestima y manejar la frustración,
condiciones para romper la monotonía y
la rutina fomentando la creatividad, fomento del
sentido de pertenencia a una comunidad laboral,
condiciones e incentivos económicos dignos
y manejo de la incertidumbre y del riesgo.
Pero si hubiera que elegir los elementos centrales
que debieran estar incorporados directamente en
la gestión global de la empresa y el hacer
laboral cotidiano, habría que considerar
la necesidad de construir una comunidad de valores
que permitiera el desarrollo personal, familiar
y laboral de todos los que trabajan en la empresa
u organización a través de una personalización
y humanización constante que permita descubrir
y dotar de sentido y significado la vida personal,
familiar y laboral en un todo armónico,
recordando la importancia de la vida cultural
y trascendente, especialmente en el mundo de hoy.
Martín
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