Son ordenados, respetuosos, extremadamente
responsables, acatan las reglas sin reclamar y
se llevan bien con los adultos. ¿Cuál
es el problema entonces? Aunque no constituyen
un trastorno psicológico, estas conductas
pueden ocultar baja autoestima y problemas afectivos
que van en aumento a medida que el niño
crece.
¿Podría imaginarse un niño
al que le sobra el buen comportamiento? Aunque
para muchos padres, sería un verdadero
sueño tener un hijo con estas características,
lo cierto es que portarse 'demasiado bien' también
puede ser un problema, aunque no se perciba a
simple vista.
"Los niños sobreadaptados suelen ser
ordenados, de buen rendimiento escolar, excesivamente
responsables, preocupados por los demás,
demuestran gran interés en diversos temas
y hacen preguntas, se llevan bien con los adultos
y generalmente también con sus pares. Estas
características se pueden dar desde edades
tempranas y se van adquiriendo con el tiempo frente
a determinadas circunstancias de vida", explica
Natalia Salas Tejada, psicóloga infanto-juvenil
de CERIL (Centro del Desarrollo Infanto Juvenil).
Algunos especialistas entienden la sobreadaptación
como un conjunto de rasgos psicológicos
que hacen que un niño experimente un desarrollo
marcado por la precocidad, se salte etapas y aterrice
en una seudo-adultez. Según el siquiatra
argentino David Liberman son una especie de 'viejos
chicos' que padecen de un exceso de cordura.
¿Qué problema hay con eso?, es la
pregunta de Perogrullo. A primera vista, ninguno,
responde Natalia Salas. En un principio, estos
pequeños no se diferencian mucho de los
debidamente adaptados, "pero una mirada más
de cerca nos revela que a estos niños les
faltan algunas características propias
de su edad, puesto que lógicamente no podemos
esperar que se comporten como adultos. Es natural
ver reflejos de inmadurez en los niños
y eso falta en los menores sobreadaptados".
Y aunque este concepto no constituye un diagnóstico
psiquiátrico o psicológico, esta
terminología se usa para denominar una
serie de conductas que reflejan algunos problemas
que van en desarrollo.
"Son pequeños que acatan pasivamente
las normas y presentan un control excesivo sobre
sus afectos e impulsos, lo que va en detrimento
de su desarrollo afectivo, ya que difícilmente
se contactan con sus emociones y mantienen bajo
control todo afecto que puedan considerar que
sea juzgado negativamente por otros. Si sufren,
lo hacen en silencio y no piden ayuda", advierte
esta psicóloga.
Temor a defraudar
Otro rasgo que los caracteriza es que siempre
están siempre pendientes de complacer a
los demás, especialmente a sus padres o
a otras figuras significativas y presentan un
gran temor a defraudarlos. Por lo mismo -acota
Natalia Salas- ejercen lo que a ellos les parece
un comportamiento ejemplar, y lo acentúan
lo máximo posible, buscando aceptación.
"Ello implica dejar de lado aspectos que
le corresponden por su etapa del desarrollo, lo
que puede acarrear importantes dificultades afectivas
y sociales. Es decir, dejan de lado sus propias
necesidades a favor de las de otros. Un ejemplo
claro de esto es el niño que asume hacer
todo el trabajo en una tarea grupal en el colegio,
aunque sepa que es injusto. En el caso de los
adolescentes, no presentan conductas de rebeldía
u oposición ( características que,
aunque son difíciles para manejar por los
padres, son esperadas y sanas, cuando no son excesivas);
son jóvenes que no abogan por sus salidas
o por sus diferencias con sus padres, se mantienen
caseros y mas "infantiles". Rara vez
tiene una amistad, opinión o salida que
no concuerde con los estándares que esperan
sus padres. De esta forma, están dejando
de lado sus propias necesidades y entorpeciendo
el adecuado desarrollo de su autonomía
e identidad", describe.
Estas conductas pueden significarles algunos problemas
de adaptación con sus pares, si bien es
común que en su afán por agradar
a los demás, se hagan un lugar en el grupo-curso,
aun sabiendo que en ciertas ocasiones pueden ser
un tanto 'utilizados' por sus conocimientos o
por su interés en ayudar. Y aunque se les
puede ver jugando y compartiendo con otros niños,
es difícil sorprenderlos en travesuras.
Detrás de la sobreadaptación asoma
una dificultad para atreverse a ser ellos mismos
y un temor a hacer las cosas de manera diferente,
es por eso que la capacidad creativa de estos
pequeños suele verse afectada.
"El deseo de aparecer siempre adecuado esconde,
entonces, inseguridad y baja autoestima, puesto
que el niño o joven siente que sólo
es querido en la medida que cumple con estos comportamientos
tan 'perfectos' y no se permite fallar. Aunque
no hay una causalidad directa, ello puede facilitar
en gran medida el desarrollo de trastornos psicológicos,
principalmente depresivos y ansiosos", señala
la especialista de Ceril.
También puede suceder que estos pequeños
comiencen a presentar enfermedades de tipo psicosomático
(dolores estomacales, crisis de asma, cefaleas)
ya que enfermarse es la única forma que
su organismo se permite expresar sentimientos
como la rabia o la pena.
¿Porqué sobreadaptados?
Los niños sobreadaptados pueden desarrollar
estas características en distintos momentos
de su vida y frente a variadas circunstancias.
"Posiblemente sean chicos de buen comportamiento
que han sido muy felicitados por ello y redoblan
sus esfuerzos por ser perfectos y mantener la
aprobación de los padres. Otras veces desarrollan
estos comportamientos frente a conflictos familiares,
por ejemplo, luego de la separación de
los padres o de la muerte o enfermedad de un integrante
de la familia, el niño asume un comportamiento
adulto, tomando un rol que puede haber quedado
vacío", afirma Natalia Salas. Éste
es el típico caso del hermano mayor que
toma el lugar del 'hombre de la casa' luego de
la separación de los padres.
Por supuesto -aclara- no se puede decir que esto
sucede en todos los casos, sino que guarda estrecha
relación con las dinámicas familiares
y las características individuales del
niño o joven.
Algunos especialistas señalan que este
tipo de conductas es común entre menores
introvertidos, que tienen papás muy exigentes
en términos de éxito y que tienden
a ser posesivos y controladores.
Frente a un hijo con tales características,
esta psicóloga recomienda darles oportunidades
y espacios para ser ellos mismos. "De vez
en cuando hay que permitirles que desafíen
a sus padres; no es necesario que estén
siempre de acuerdo y que hagan las cosas según
sus propias expectativas. Estimular estos rasgos
significa estimular el desarrollo sano de su identidad,
reforzar su capacidad y derecho a ser único,
distinto, y de ser amado por eso".
Asimismo, es importante que estos menores aprendan
a identificar y expresar sus emociones, a escoger
y a vibrar con las cosas. Deben entender que todas
las personas experimentan rabia, alegría,
pena y que no por eso son mejores o peores. (Más
relevante es lo que haga con esas emociones).
Es muy útil ayudarlos a identificar lo
que sienten -poniéndoles nombre- sin descalificarlos
u obligarlos a reprimirlas.
También es positivo incentivarlos a tener
ideas propias, a tomar la iniciativa y, como padres,
evitar asignarles responsabilidades mayores a
las de su edad.
Finalmente si el hijo parece siempre estar bien
e intenta demostrar que nada lo afecta demasiado,
se podría sospechar que algo no anda tan
perfecto como parece.
Los padres deben preocuparse cuando:
" Un niño tiene un comportamiento
excesivamente responsable o 'adultizado'.
" Deja de lado actividades o características
esperadas para su edad, particularmente en el
ámbito social (dificultad de integración
con los pares)
" Toma en la familia roles que no le corresponden
para su edad ni dentro de la composición
de la familia.
" Se muestra excesivamente complaciente.
" Muestra signos de ansiedad recurrentes
" Asume responsabilidades que corresponden
a los adultos (por ejemplo, dedicar gran parte
de su tiempo a cuidar a un pariente enfermo).
Martín
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